Opinión

Iguala y la Iglesia, ¿desde la fe?

Un día después de los atentados de Boston, en abril del año pasado, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) hizo público un mensaje de solidaridad con las víctimas de ese monstruoso hecho y condenó los ataques. Dieciocho días después de la desaparición de 43 jóvenes normalistas, y del asesinato de seis más en Iguala, la Iglesia de México, es decir la Conferencia Episcopal en su conjunto, no ha emitido ninguna comunicación al respecto.

A diferencia de su comportamiento en otros momentos críticos, hoy la Iglesia mexicana es una gran interrogante. Por un lado están las ovejas negras (como los bautizó Emiliano Ruiz Parra), obispos y párrocos comprometidos con la causa de los migrantes, las víctimas de la violencia y los desaparecidos, y por otra la jerarquía, cuyas posiciones son difíciles de catalogar.

Debido a nuestro centralismo, ocurre en ocasiones que la opinión pública presta mucha atención a lo dicho por Desde la fe, el “semanario católico de información y formación” que, aunque es editado por la Arquidiócesis Primada de México, no es su publicación oficial, ésa es la Gaceta (http://www.arquidiocesismexico.org.mx/gaceta.asp), un documento que lleva sin actualizarse en la página web desde 2012.

El domingo pasado Desde la fe publicó un artículo, firmado por la redacción, llamado “En el país de las matanzas”. En él, este órgano oficioso condena los hechos de Iguala y recuerda que, desde junio de 2013, “los obispos de la Provincia de Acapulco denunciaron las diversas clases de violencia ‘desde la que se mantiene oculta en las familias hasta las más visibles y crueles como la generada por el crimen organizado’”.

Enseguida, en el texto Desde la fe carga contra “la incompetencia de Aguirre” (se refieren al, es un decir, gobernador de Guerrero), pero aprovecha para darle un rayón al mandatario por la propuesta de despenalizar el aborto en Guerrero, lo que ese semanario interpreta como una cortina de humo luego de la desastrosa actuación de don Ángel en las tormentas de septiembre de 2013. Es decir, con 43 desparecidos, seis muertos y 28 cadáveres exhumados de fosas, el órgano propagandístico de Norberto Rivera no perdió oportunidad de medrar con la tragedia. No suena muy cristiano que digamos, pero en fin.

No hace falta discutir si el cardenal Rivera se ha destacado o no por ser un pastor comprometido con los más pobres o débiles de su diócesis. No se ha destacado, punto. Pero hay que trascender al cardenal capitalino, hay que reparar en el hecho de que la CEM no ha fijado postura frente a la crisis que se padece en principio, pero no exclusivamente, en Iguala, que es la muestra más reciente y más grave de una descomposición presente en diversos frentes de la nación.

Todo lo que existe en la página de la CEM es un editorial, “El caso de Iguala: desafío para todos”, de Carlos Garfias Merlos, obispo de Acapulco, publicado el 12 de este mes (http://www.cem.org.mx/articulos/2042-el-caso-de-iguala-acapulco-nomal-de-ayotzinapa-arzobispo-cem.html) , y una carta del 2 de octubre de los cuatros obispos de Guerrero (incluido Garfias Merlos http://www.cem.org.mx/contenido/454-comunicados-de-los-obispos-de-la-provincia-eclesiastica-de-acapu.html).

Desde el Vaticano soplan vientos de renovación, llamados de apertura activa, no pasiva, con respecto a los divorciados y a los homosexuales (será interesante ver la reacción al respecto del casi siempre conservador episcopado nacional), ante ello, la pregunta es si la Iglesia Mexicana, cuya jerarquía es señalada de ser demasiado cercana al presidente Peña Nieto, se decidirá a ser un actor dentro de la gran crisis que ha destapado Iguala o sólo estará en las causas que no le obliguen a enemistarse del poder.

Twitter: @SalCamarena