Opinión

Ignoren dichos, atiendan hechos

 
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Donald Trump. (Reuters)

Donald Trump es un político que despierta pasiones.

Muchos mexicanos quisieran lincharlo. La fracción del PRD en el Senado lo convirtió en piñata y le pegó con fe. Para muchos norteamericanos, fue su redentor y no les importó su comportamiento sexista y misógino, ni su ignorancia, votaron por él.

Muchos mexicanos consideran que lo mínimo que hay que hacer es mandarle un recordatorio materno. Quien lo haga es un patriota y quien no, un sumiso y agachón.

Ojalá el mundo fuera tan simple. No lo es.

La gran ventaja para Trump es que despierta instintos primitivos. Tras los insultos lanzados contra México, surgen ganas de insultar y agredir.

Y el propio Trump y su equipo saben que, ante esta tendencia, quien aparezca con intención negociadora va a ser lapidado por poblaciones que quieren que se le enfrente como en un pleito callejero.

Existen toneladas de textos que muestran cómo enfrentar y negociar con personajes como el presidente electo de Estados Undo. Uno de ellos lo escribió él mismo, The art of the deal.

Y Trump sabe que una ventaja que tiene es que lo consideren un energúmeno irracional contra el cual la única respuesta es la agresión. Y sabe también que la opinión popular eso es lo que pide a los políticos que disienten de sus propuestas.

Todo esto sería un tema académico si no estuviera involucrado México.

Ayer, en su conferencia de prensa, el presidente electo volvió a hacer uso de sus recursos. Insultó a los medios, eludió preguntas comprometedoras y presentó información falsa.

Vuelvo a poner sobre la mesa el consejo que nos dio Michael Bloomberg el año pasado: ignoren los dichos de Trump y atiendan a sus hechos.

Pero, además, hay hechos y hechos. Debemos distinguir lo relevante de lo anecdótico.

El New York Times hizo un ejercicio de fact check cuando Trump habló de que diversas empresas automotrices habían decidido no invertir en México y refirió que la única que lo ha hecho hasta ahora es Ford, con su proyecto de San Luis Potosí. La mayoría, incluyendo GM, han ratificado sus proyectos.

Trump, pese al título de su libro más vendido, está acostumbrado a imponer y no a negociar. Cuando alguien desarrolla realmente los recursos para negociar con él, lo descoloca.

Y si México logra convocar a una coalición de empresarios que se beneficien del TLCAN, congresistas que respondan a sectores que ganen con el acuerdo comercial y estados que requieran de México para su vida económica, como exportadores e importadores, habrá una suma de negociadores que van a desarmar a Trump.

No importa que haga alardes, y que diga que logró retener inversiones en Estados Unidos, la realidad será otra.

El gobierno debe asumir el costo de no actuar como lo piden las emociones de la población.

Lo más redituable y fácil en el corto plazo sería envolverse en la bandera y mentarle la madre a Trump.

A la vuelta de los meses tendríamos un desastre económico
–desastre de verdad y no un menor crecimiento– que bien podría justificarse, atribuyéndolo al insensato de Trump. Fácil.

Sin embargo, a veces pareciera que preferimos esa opción, que optamos por ser muy machos y si, como consecuencia de ello, nos vamos por el precipicio, optamos por el desastre, pero… ‘con dignidad’.

Twitter: @E_Q_

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