Opinión

Ideas fijas

  
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Elecciones Holanda

Las elecciones de ayer en Holanda terminaron como lo indicaban las encuestas que compartí con usted ayer: ganó el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) y siguen las cosas allá como hasta ahora.

Esto debería ayudar a entender que lo que vemos en el mundo hoy no es un fenómeno con causas económicas. No votaron los británicos por salir de la Unión Europea por esa razón, ni fue por eso que eligieron los estadounidenses a Trump. Pero las ideas se solidifican y cuesta trabajo pensar diferente. Abundan los análisis que siguen buscando una crisis económica (como la de 2008) o un aumento en la desigualdad para explicar la vida política. En diversas ocasiones hemos platicado aquí una explicación diferente, creo que mejor. Y es que uno ve lo que está preparado para ver. Está muy documentado el sesgo de confirmación, que nos lleva a aprobar la información que coincide con la idea que ya teníamos y rechazar la que se opone. En el extremo, ni siquiera aprobamos y rechazamos, sino que sólo vemos lo que confirma nuestras ideas previas, nuestros prejuicios.

El tipo de cambio creo que ejemplifica esto. Desde junio de 2014 el dólar se empezó a fortalecer frente a todas las monedas y los bienes básicos. En los siguientes meses, una de las monedas que mejor aguantó el proceso fue el peso mexicano, que se comportó mejor que el euro hasta noviembre de 2015. Pero fuimos la peor moneda del mundo durante 2016, y en el inicio de 2017 hemos sido otra vez una de las mejores. Bueno, la explicación del comportamiento del tipo de cambio, desde mediados de 2015, es Donald Trump. Pero eso no es aceptable para economistas y analistas. Para los primeros, el precio del dólar debe responder a otras cosas, como el déficit del gobierno, la tasa de interés o el precio del petróleo. Para los segundos, todos los precios en el mercado tienen comportamientos que no dependen sino de regularidades matemáticas, de donde obtienen pisos y techos, soportes, etcétera.

Ambos enfoques tienen razón, generalmente, pero hay momentos en que repetir las ideas fijas no sirve mucho. Se pueden identificar cinco momentos en los que Trump nos causa daño, con sus discursos o acciones, que no tienen nada que ver ni con pisos y soportes, ni con tasas de interés o déficit público. El 16 de junio de 2015, Donald Trump lanzó su candidatura en el Partido Republicano, y por primera vez anunció la construcción del muro. El tipo de cambio lo resiente: en un mes nos depreciamos 3.0 por ciento, y 8.0 por ciento en dos meses. Y ese comportamiento ya no lo tuvo el euro o monedas latinoamericanas. Fuimos nosotros solos y la causa fue él. De 15.50 a 16.78 pesos por dólar.

El 23 de noviembre de ese mismo año, las encuestas lo ponen como líder claro en el Partido Republicano. La depreciación del peso es de 4.0 por ciento en un mes, 10 por ciento en dos meses (a 18.37). Algo nos recuperamos, pero el 3 de mayo de 2016 se convierte en virtual candidato de su partido, la depreciación es de 7. por ciento en un mes (a 18.62). El 17 de agosto Trump modifica su equipo, nombrando a quienes lo ayudarán a ganar: otro 7. por ciento de depreciación en un mes (a 19.65). Nos volvimos a recuperar un poco, pero el triunfo fue el acabose: depreciación inmediata de 8.0 por ciento y de 14 por ciento en dos meses (a 21.67).

Desde la toma de posesión, el peso se recupera. Y eso ocurre claramente en respuesta a declaraciones de funcionarios estadounidenses que moderan el espanto inicial. Ayer cerramos a 19.21, a pesar del alza en la tasa en Estados Unidos. Es decir, ya serénense y dejen que las aguas tomen su nivel.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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