Opinión

'I Am Not Your Negro', el mito de un país posracial

 
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I Am Not Your Negro.

En My President Was Black, desde mi punto de vista el ensayo definitivo sobre la pasada elección en Estados Unidos, Ta-Nehisi Coates desentraña el motivo más hondo por el cual su país pasó de Barack Obama al xenófobo ignorante que ahora ocupa la Casa Blanca (salvo los fines de semana, cuando se va a jugar golf).

Una de las voces esenciales sobre los obstáculos a los que se enfrentan los afroamericanos, Coates explica cómo el racismo jugó un papel insoslayable en el triunfo de Donald Trump, al tiempo que describe a Obama como un hombre particularmente mal armado para reconocer el peso de ese odio. El ensayo de Coates es una lectura descorazonadora: el retrato de un presidente ingenuo y de una nación incapaz de aceptar las pasiones que aún la corroen desde dentro.

I Am Not Your Negro, de Raoul Peck, aborda temas similares, en voz de James Baldwin, uno de los padres literarios de Coates. Narrado por Samuel L. Jackson (en su mejor interpretación desde Pulp Fiction), el documental parte de un manuscrito que Baldwin nunca acabó, en el que utilizaba la vida y muerte de Martin Luther King, Malcolm X y Medgar Evers como el punto de salida para hablar del origen de la esclavitud, la segregación y la forma en la que Hollywood representa a las minorías. “La historia no es el pasado; la historia es el presente”, escribe Baldwin, y Peck ensambla una película que así lo comprueba, manteniendo íntegras las palabras del autor, pero acompañándolas de imágenes que las vinculan con el siglo XIX y el actual. Fuera de sentirse forzado, este contraste es el gran acierto de Peck. La narración adquiere un cariz profético cuando vemos que el texto, redactado hace más de 30 años, podría haberse escrito en 2014 para hablar, por ejemplo, de las protestas que ocurrieron en Ferguson a raíz del asesinato de Michael Brown.

Menos efectivo resulta el uso insistente que Peck hace de clips de westerns y musicales donde los héroes siempre son blancos o en cuyo elenco no aparece una sola persona de color. Lo que aportan estos pasajes termina por agotarse. I Am Not Your Negro funciona mejor cuando el trabajo de Peck no traduce la prosa de Baldwin visualmente, sino que la emplea para sugerir una conexión temporal o para permitirnos imaginar los horrores que describe: los restos de un hombre linchado que Evers ve sobre un árbol o la tarde cuando Baldwin se enteró del asesinato de Martin Luther King.

A pesar de estos reparos, la obra de Peck es una triste radiografía del racismo del que siguen siendo objeto los afroamericanos en Estados Unidos, así como una denuncia del papel que han jugado el cine y la publicidad para colocarlos como presencias serviles, inferiores o exóticas en el imaginario colectivo. Al igual que el ensayo de Coates, I Am Not Your Negro desmonta el pernicioso mito de que Estados Unidos es ya un país donde el color de la piel no importa.

Twitter: @dkrauze156

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