Opinión

Hubo alguna vez equilibrio económico

 
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Brexit (Reuters)

El lema de los promotores del Brexit fue que les devolvieran su país; era la versión británica del llamado de Trump: “hagamos grande a Estados Unidos otra vez”.

El polémico referéndum se originó por un conflicto en la élite conservadora: la extrema derecha del gobierno exigía que se tomara una posición contra los inmigrantes. Para calmar los ánimos y para poder reelegirse, David Cameron ofreció la consulta; los ciudadanos ingleses tomaron la oportunidad para votar no sólo contra Europa, sino contra su gobierno, sus partidos y sus políticas.

¿De qué se quejan los trabajadores mayores de 50 años que votaron y decidieron el resultado por el Brexit? De lo mismo que los seguidores de Trump en Estados Unidos: de la pérdida de empleos, de la disminución de sus salarios, de la precariedad de los servicios públicos y en el caso inglés, además, de la draconiana austeridad fiscal en aras de “salvar” la economía.

Las causas de esos males señaladas por la demagogia de Boris Johnson y Nigel Farage, igual que Trump, son los inmigrantes y la desindustrialización atribuida a la globalización. Obviamente se trata de simplificaciones que llevan al peor escenario: errar en el diagnóstico y canalizar la urgencia de cambios a objetivos equivocados.

Tienen razón los trabajadores y las clases medias en su hartazgo de estar sufriendo los efectos de las ineficiencias del neoliberalismo, demostradamente incapaz de dinamizar las inversiones productivas, la generación de empleos, de revertir la caída de los salarios y de mejorar la atención pública en salud y educación.

En este espacio hemos dado cuenta de las utilidades de las las grandes corporaciones en Estados Unidos, Europa y Asia que no se reinvierten.

En 2015, según el Departamento de Comercio estadounidense, el conjunto de las empresas de ese país obtuvo utilidades récord por más de 1,640 billones de dólares, pero solo invirtieron 536 billones en mejorar sus actividades industriales.

¿A dónde fueron a parar más de 1.1 billones de dólares restantes? Se calcula que por cada dólar circulando por las esferas productivas, hay 20 dólares especulando en operaciones bursátiles y cambiarias.

Lawrence Summers (ex secretario de Tesoro de Estados Unidos), lamenta que sean las burbujas especulativas las que hayan provocado momentos de reactivación económica durante los últimos 30 años.

La falta de inversiones en la economía real es la causa de las tasas sin precedente de desempleo en Europa y en el resto de Occidente, no la inmigración. La precarización del empleo, la baja de ingresos de las clases medias y las políticas de austeridad en el gasto público que mantienen comprimida la capacidad de compra de los mercados, es la causa de que las empresas productivas encuentren más rentable la especulación financiera que producir.

No siempre fue así; durante un cuarto de siglo después de la última guerra mundial, el capitalismo conoció altas tasas de inversión, crecimiento de la riqueza, del empleo y de los salarios; la clave era que las ganancias empresariales, las inversiones, la productividad laboral, los salarios, la producción y los mercados crecían al parejo.

Esa ecuación se alteró en los años 70 del siglo pasado y en vez de restaurarla, irrumpió el neoliberalismo culpando al Estado benefactor, cuya ausencia actual hace imposible restablecer el equilibrio de la postguerra.
 
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