Opinión

Hoy

  
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Hillary Clinton. (Reuters)

Hoy se escribe la historia. Hoy se define un capítulo amargo y penoso en la historia electoral de Estados Unidos. Una larga campaña repleta de insultos, agravios, señalamientos xenófobos, racistas, antiinmigrantes. No existe registro en tiempos modernos de una contienda electoral tan confrontada que dejará, no hay duda alguna, una profunda herida en la sociedad estadounidense.

Una campaña determinada por dos muy malos candidatos: ella, débil, con elevados niveles de negativos, perteneciente a la clase en el poder desde hace tres décadas, pero al mismo tiempo con enorme experiencia, conocimiento y capacidad de gobierno. Por el contrario, él, inexperto, fuera del círculo del poder (beltway de Washington), proveniente de la clase empresarial salvaje, ambiciosa, sin estándares éticos, con fama obtenida de su paso por la televisión y la egolatría dorada de poner su nombre en edificios, mosaicos, servilletas y cerillos. Con todo, Donald Trump fue capaz de eliminar a 16 aspirantes republicanos en las primarias, todos ellos políticos profesionales –algo que muchos pronosticamos en contra y nos equivocamos– y de construir una extensa base de seguidores como hace mucho no lograba un candidato republicano.

La historia que escribe hoy su clímax quedará marcada por las filtraciones de WikiLeaks y Juliane Assange, atacando –como es su costumbre– al corazón del sistema político americano con la revelación de miles de correos de la señora Clinton; una historia de codependencia total entre la economía de México y la estadounidense, donde el peso mexicano se movió por meses a la par de los candidatos y sus discursos; una historia de ocurrencias y dislates de un candidato, que para sorpresa de todos se hizo grande y hoy llama a la puerta de la Casa Blanca.

Hoy serán claves estados y votos que podrían inclinar la balanza a un lado o al otro. La contienda es tan excesivamente estrecha, que sólo un milagro de última hora podría otorgar una ventaja significativa a cualquiera de los dos. Es decir, quien gane, lo hará por una ventaja que podría oscilar entre 3.0 y 5.0 por ciento de los votos, difícilmente más.

Trump necesita desesperadamente Florida, Carolina del Norte, Ohio, Michigan, Wisconsin.

Si ganara en Pensylvania y Nueva Hampshire le darían un impulso y aliento que le permitiera llegar a una posición peligrosa.

Hillary, por su cuenta, parece que ha cerrado victorias adelantadas en Nevada y en Arizona –un estado tradicionalmente republicano– pero aún compite por Florida y Carolina del Norte donde requiere confirmar su liderazgo para garantizar un triunfo adelantado en pasillos en Nueva York y Washington.

Pero es tan imprevisible el resultado final, como el comportamiento autodestructivo del candidato republicano. Hoy puede pasar todo.

Otro de los capítulos centrales de esta contienda será la inusitada, numerosa y empoderada participación electoral de la población hispana.

Tema esencial de la campaña, víctima en las vociferantes diatribas del señor Trump, la población hispana ha registrado niveles sin precedentes para poder emitir su voto de forma adelantada desde hace un mes. Tan sólo en Florida sabemos hoy que existe un 36 por ciento de voto hispano nuevo, de registro reciente, que no votó en 2012. Son 6.4 millones de votantes que representan 75 por ciento del electorado estatal. Una afluencia histórica. Los estadounidenses de origen hispano pueden convertirse hoy en el fiel de la balanza, justo como hace ocho años la población afroamericana fue pivote esencial para la victoria de Barak Obama.

Pero no es suficiente. A Hillary no le alcanza sólo con los hispanos. Tal vez suplan la decreciente participación de la población de color, pero aún requiere de la clase trabajadora que pretende conquistar en Michigan, incluso, hasta el día de ayer.

La historia que hoy arroje –esperemos– un ganador indiscutible, tendrá un epílogo largo de reconstrucción de la unidad, de una renovada identidad americana multirracial, aceptada, reconocida, que probablemente requerirá años por venir.

Quien gane, tendrá que buscar caminos de unificación de una sociedad herida, lastimada, dividida y confrontada no sólo por el discurso, sino más por una crisis económica que no termina por remontarse, por una clase trabajadora golpeada por la globalización, por un libre comercio que tanto allá como aquí ha sido incapaz de distribuir la riqueza y sus indudables beneficios de forma equitativa.

El campo demócrata, los altos niveles de la campaña confirman en privado una expectativa sólida y contada una y mil veces, de 288 votos electorales a favor de Hillary, apenas 18 por encima de la cifra mágica de 270. Es decir, apenitas.

Hoy sabremos muy tarde en la noche si los hispanos en efecto salieron a defenderse en las urnas de la campaña de insultos y desprestigio en su contra; hoy sabremos si el temido voto oculto de Trump lo llevará hasta la Oficina Oval y lo convertirá contra viento y pronóstico en el presidente número 45 de los Estados Unidos.

Pero la historia construirá su narrativa en un país tan dividido y enfrentado, como el propio partido del señor Trump. Hoy se escribirá una página importante y trascendente de consecuencias aún impredecibles.

Twitter: @LKourchenko

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