Opinión

Hoy no basta lo importante

Muchos esperábamos que ayer el presidente Peña diera un manotazo en la mesa y anunciara cambios profundos e inmediatos en materia de seguridad y de la lucha contra la corrupción.

A casi dos años de ejercicio de este gobierno, debiéramos haber aprendido que el presidente no opera así.

Todas las reformas, desde la educativa hasta la energética, han sido de esas que derivan del análisis y de las modificaciones de la Constitución y las leyes.

Y ahora, en materia de seguridad y combate a la corrupción, el presidente no preparó un anuncio espectacular sino otra serie de reformas para fortalecer el Estado de derecho.

No sé si el presidente Peña, en otro momento, decida dar el golpe de timón que muchos considerábamos necesario, pero por lo pronto, los cambios propuestos no tendrán efecto inmediato.

Son un poco como la reforma energética. Hasta este momento, nada ha pasado en México en materia de energía, salvo el cambio de la Constitución y las leyes, aunque sabemos que va a pasar algo muy importante… en el curso del siguiente lustro, quizás cuando Enrique Peña sea expresidente.

No sé si en materia de seguridad todavía haya la intención de hacer otros cambios inmediatos. No son excluyentes con las reformas de fondo anunciadas.

Si no se hicieran, se validaría el desencanto que desde ayer se percibía luego de los anuncios realizados.

Desde este espacio le hemos comentado una y otra vez que lo más relevante son las reformas de largo plazo, esas que van a tener efecto en la siguiente década y no sólo en los próximos meses.

Ponderamos la determinación del presidente Peña de emprender cambios que no tendrán rentabilidad electoral ni personal.

Sin embargo, también pusimos de manifiesto el riesgo de que un deterioro de la imagen presidencial pudiera debilitar los cambios de tal manera que eventualmente pudieran echarse para atrás.

En el caso de la seguridad, pienso lo mismo. Nada más importante que lo anunciado ayer.

Son esos cambios que no levantan ovaciones porque le apuntan a lo importante y no a lo urgente o a lo popular.

Sin embargo, ya estamos en el punto en el que el presidente debe tener en su radar la necesidad de reposicionar su imagen. Ya no es un tema de vanidad o beneficio personal, sino de responsabilidad con el proyecto de reformas que él encabeza.

Todavía puede ser que antes de que termine el año, anuncie los cambios de efecto inmediato que vuelvan a fortalecer el proyecto reformista y que deben implicar al menos lo siguiente:

1.- Una medida concreta que sea asimilable por toda la población. Puede ser desde el anuncio de que va a crear una fundación con los recursos derivados de la venta de la “casa blanca” hasta la detención de algún personaje como La Tuta o Ángel Aguirre.

2.- Un indispensable cambio de personas. Lo ideal sería que pidiera la renuncia del gabinete completo y luego ratificara sólo a las personas que a su juicio están dando resultados. Pero, si no fuera así, se requeriría al menos la sustitución de algunas personas clave y la incorporación de otras que dieran oxígeno al gobierno.

Ojalá que lo anterior no sea una mera fantasía.

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