Opinión

Hoy, en juego la Casa Blanca y Los Pinos

  
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Hoy, en juego la Casa Blanca y Los Pinos.

Si Estados Unidos cae hoy en manos del populismo, el gran mal no será una mayor devaluación del peso, sino la caída de México en poder del símil de Donald Trump en 2018: López Obrador.

El vendaval populista y la rebelión contra las élites serán imparables.

Un triunfo de Trump sería la respuesta populista de los estadounidenses al lento crecimiento de sus ingresos, que no es culpa del libre comercio y la globalización.

Aquí caeremos como ficha de dominó casi inmediata –2018– si es que hoy gana Trump.

Ayer, sin embargo, un mapeo del Washington Post indicaba en sus previsiones que Hillary Clinton ya tendría 275 votos electorales contra 215 de Trump.

Vamos a ver qué ocurre hoy, pero América podría convertirse en el freno a la ola populista que viene desde Europa.

“Tras la Gran Recesión, es la hora del populismo”, advertía el domingo Marc Bassets, de El País, en su despacho desde Washington.

Lo ponía en la perspectiva europea, donde han triunfado el Brexit, en Gran Bretaña; Syriza, en Grecia; el ascenso de Podemos, en España; y el M5S, en Italia.

Apuntaba el periodista Bassets que “para los estadounidenses la palabra populismo no tiene connotaciones negativas ni positivas. No es progresista ni conservadora. Como sostiene el historiador Michael Kazin en The Populist Persuasion (La persuasión populista), más que una ideología es una retórica que define el terreno en términos de enfrentamiento entre los de abajo y los de arriba, el pueblo y las élites”.

Se trata del mismo fenómeno en ambos lados del Atlántico. Y en ambas orillas de río Bravo.

Estamos ante discursos casi idénticos de los portaestandartes del populismo en Estados Unidos y en México: Donald Trump y López Obrador.

Hoy se juega el futuro de Estados Unidos y también el de México.
El punto central de la diferencia de Trump con sus adversarios (y con México) es el libre comercio, además de galvanizar el rechazo a los mexicanos porque –dicen– les quitan los empleos.

Pero ya existe el muro en la frontera. Y las deportaciones de mexicanos con Barack Obama han sido las más numerosas de la historia.

López Obrador y Donald Trump coinciden en culpar a la apertura comercial de los males de sus respectivos países.

El argumento simplista –populista– de Trump es decir que en su país se han perdido empleos en el sector manufacturero por el libre comercio.

Como apuntó el sábado en el Tecnológico de Massachussets el expresidente Carlos Salinas, la pérdida (o disminución del incremento) de empleos en el sector manufacturero ha sido por la automatización, no por el comercio.

Expuso que (en Estados Unidos) las manufacturas han crecido 17 por ciento y la productividad ha aumentado, pero el empleo creció en siete por ciento.

Aquí nuestro adversario del libre comercio (AMLO) pretende revertir la globalización con aranceles a las importaciones, lo que genera aumento de precios y monopolios internos.

¿O ya está en favor del TLC? Que lo diga, y ofrezca una disculpa.

Si hoy cae Estados Unidos, deslumbrado por la retórica de Trump que confronta a “los de arriba con los de abajo, al pueblo y las élites”, en 2018 también cae México.

Twitter: @PabloHiriart

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