Opinión

Hora de rendirse ante
la CNTE

 
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CNTE. (Cuartoscuro)

El gobierno federal está acorralado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

En los hechos se encuentra de rodillas, pasmado, incapaz de ejercer su autoridad.

La claudicación es absoluta, por más que se disfrace con mesas de diálogo y liberaciones paulatinas de líderes arrestados. A un gobierno que presumía eficacia y resultados, la CNTE ya le tomó la medida.

Denigrante es ver el espectáculo, peor el sufrimiento de los afectados en el sureste y la capital del país.

Lo mejor para el Estado sería sacar la bandera blanca y aceptar su incapacidad para hacer frente al grupo que lo tiene en jaque. Al menos terminaría la lenta agonía de los numerosos bloqueos y las amenazas de afectar más a la ciudadanía. Al cabo que la pésima educación pública no va a mejorar.

De por sí, ningún maestro (por más que muchos no merezcan ese título) iba a perder su plaza, sino en todo caso dejar de enseñar (es un decir) para realizar otras tareas. Que siga todo como estaba: con los miembros del magisterio cobrando, pero sin hacer mucho en materia educativa.

Aparte esos millones de niños realmente no tenían mucho futuro. Sí, sonaba maravilloso eso de que la reforma educativa iba a mejorar la deleznable calidad de la educación pública. Era una hermosa ilusión vislumbrar un futuro en el que México dejaría de ser el último lugar de la OCDE en las evaluaciones internacionales y pensar que, con el paso de los años, algunos de esos niños podrían aspirar a algo más que una productividad y un salario miserables, perpetuándose en la pobreza. La educación como plataforma de movilidad social.

No podrá ser, ni modo. En estos momentos el país está en el peor de los dos mundos: con la educación tan lamentable como siempre, pero además con miles de empresas y cientos de miles de personas (por lo menos) afectadas mientras tratan de ganarse la vida, desde el dueño de un hotel en Oaxaca o un restaurante en Chiapas, hasta el transportista de alimentos y por supuesto las grandes empresas que dependen de recibir insumos y mover su producción.

Y de los sufridos habitantes de la Ciudad de México (salvo aquellos que pueden trasladarse en helicóptero), mejor ni hablar.

Será suficiente que el Ejecutivo mande al Congreso una contrarreforma que revierta todo lo aprobado en 2012-2013. Es de suponerse que los legisladores del PRI (y partidos satélites como el PVEM) se sonrojarán levemente al votar a favor, pero finalmente son disciplinados. Igual hasta tendrían el apoyo (ahí sí, entusiasta) de los legisladores de Morena.

Alguna vez aconsejaron al presidente Lyndon Johnson sobre la guerra de Vietnam: “declare victoria y saque las tropas”. Con algo de ingenio el gobierno podrá presentar la contrarreforma como una gran victoria, destacando el cese de bloqueos y marchas (y presumir que habrá un fuerte impulso a la educación privada, por ejemplo). Al cabo no haría sino confirmar lo que ha sido obvio por semanas: su claudicación en la función de garantizar a la ciudadanía un marco de legalidad.

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