Opinión

Hora de cabildear para la creación de empleo

Leí con interés una nota publicada en El Financiero esta semana donde detalla cómo el presidente Barack Obama literalmente cabildea con empresas extranjeras para que no sólo inviertan en Estados Unidos. Lo que me resaltó este reportaje es el estilo del presidente de Estados Unidos buscando un acercamiento con empresarios con el objetivo de crear empleos, estilo que es muy diferente a la relación actual que tiene el gobierno de la República con los empresarios de este país.

Hay que señalar que de hecho Barack Obama y su partido, los demócratas, no han tenido la mejor relación con el sector empresarial de su país, más que nada por la imposición del famoso “Obamacare” (seguro de salud universal) y la legislación que busca ejercer más supervisión sobre las actividades del sector financiero. Por eso es interesante ver el cabildeo directo, personal, donde desde la Casa Blanca el presidente Obama reconoce a 11 empresarios estadounidenses y nacionales que han invertido en Estados Unidos, ya sea abriendo nuevas plantas o regresando al país operaciones que tenían en el extranjero.

Obama dijo abiertamente que este era el momento de invertir en Estados Unidos y destacó “los costos bajos de energía, una fuerza laboral productiva y una economía dinámica”. Pero su verdadero interés con estas empresas es asegurar la creación de empleos, particularmente este año electoral. De hecho, el mismo presidente Obama anunció que estarían organizando un masivo evento, invitando a 2 mil 500 personas, en marzo del año que entra, para discutir la creación de empleos. ¿No se les hace raro que el presidente de la economía más poderosa del planeta esté anunciando un evento que sucederá en el 2015? Esto sólo se entiende en términos electorales.

Por eso es interesante tratar de entender la estrategia del gobierno de México, particularmente del secretario Luis Videgaray, en cuestiones de la relación que tiene el Ejecutivo con los empresarios y si se han promovido los incentivos correctos que aseguren lo que más está preocupando al mexicano: tener empleo seguro y bien remunerado. Al conversar con un empresario me da la impresión de que es todo lo contrario, que los incentivos en este momento son de no contratar y/o de buscar mecanismos de emplear a personas en el ámbito informal.

Eventualmente tendremos más claridad de quién tuvo la razón en cómo explicar el porqué de la desaceleración de la economía este año (¿fueron factores externos o las reformas fiscales?), pero el hecho es que en este momento la relación entre el gobierno y los empresarios no es buena. De hecho podríamos decir que es pésima. También podemos decir, aunque insistan en lo contrario nuestros amigos de las secretarías de Hacienda y Economía, que los incentivos para los empresarios, debido al incremento de impuestos y las nuevas reglas del juego contables, son de no crear empleos.

No estoy diciendo que al presidente Peña Nieto no le preocupa el problema de cómo crear empleos, ya que es un tema recurrente en varios de sus discursos. De hecho hizo un llamado a los países miembros del G-20 cuando en la Cumbre de Líderes en San Petersburgo, Rusia, el año pasado, afirmó que los países miembros deben crear empleos bien remunerados y de calidad para los jóvenes.

El presidente Peña Nieto afirmó también que “la reforma energética es la más ‘trascendente’ de todos los cambios constitucionales porque representa un asidero de crecimiento económico y la creación de empleos”. Pero en el hecho, los beneficios de las reformas no se sentirán en los bolsillos de los mexicanos en mucho tiempo, y hay que cuestionar con qué rapidez se crearán estos empleos.

Hay pocas formas de crear empleos de una manera rápida y que tenga impacto. Como lo comentamos en este espacio con anterioridad, lo que urge son reformas que promovieran incentivos fiscales, a corto plazo, para que los empresarios crearan más empleos, abrieran más empresas, pagaran más impuestos y se formalizaran más negocios y empleados.

Vuelvo a insistir en que si a la pobreza se le suma la desigualdad social, donde la falta de empleos afecta en mayor medida a los jóvenes, la brecha salarial es enorme, el rezago educativo es un factor que contribuye a acentuar estas desigualdades, entonces, tenemos el caldo de cultivo perfecto para el desastre nacional. La creación de empleo surge del sector privado, no del gobierno. Ya es hora de reconocer esto, y tal vez empezar a “cabildear” tipo Obama para que éstos empiecen a crear empleos.