Opinión

Honores a Paz

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil medita: los 16 senadores y cinco diputados que asistieron al homenaje a Octavio Paz en Madrid, ¿a qué fueron, qué sentido tuvo el viaje? Nadie sabe, nadie supo. Se sabe en cambio que gastaron 417 mil pesos en viáticos, es decir, que a cada senador se le asignaron 1 800 euros para alimentación y hoteles sin gran lujo. Óiganlo bien: sin gran lujo, nuestros legisladores podrían dormir en un pesebre sin queja ninguna.

Estos recursos, por cierto, no incluyen el avión. José Rosas Aispuru, autoinvitado a la Casa América de España, dijo que el plan era barato. Sí: bara-bara, bara-bara.

Gamés tiene la respuesta: los senadores viajaron a Madrid al homenaje que se le rindió al poeta por la simple y sencilla razón de que les pareció una oportunidad irrepetible para que la nación les pagara un viaje a Europa. Que pague el erario; como todo mundo sabe, los senadores estaban obligados a presenciar el homenaje a Paz. Mjú.

Lectura fácil

Para no entrar en honduras, Gil propone algo: los diputados y senadores serán invitados a homenajes de creadores siempre y cuando demuestren que han leído al menos un libro completo del escritor de homenaje.

Gamés asegura que con esta prueba, ninguno de los 16 legisladores habría viajado a Madrid. ¿O ve usted a los senadores leyendo Las trampas de la fe? ¿Leyendo en voz alta “Piedra de Sol”, repitiendo una o dos líneas de Pasado en Claro? Van a perdonar a Gil, pero la posibilidad de que un senador mexicano haya leído a Paz es cercana a cero. Desde luego, El laberinto de la soledad no cuenta.

¿Por qué nuestros políticos no leen? Muy fácil: por flojos e ignorantes, para qué más que la verdad. Dicen que no tienen tiempo, pero son haraganes. Pura película interesante, muchas series de televisión, pero un libro, ni de milagro, ¿a quién se le ocurre? Nuestra clase política es burra en lo general y muy ciega en lo particular.

O sea, si consideramos que los libros son cajas de herramientas que sirven para decidir asuntos que rozan a la vida o son la vida misma, nuestros políticos nos llevarán a un abismo. Probablemente ya estemos en el abismo.

Agenda apretada

Gamés lo leyó en su periódico Milenio: “los legisladores concluyeron ayer lo que consideraron una apretada agenda de trabajo. Pero no todos asistieron a los dos actos principales: ‘Algunos nos quedamos dormidos’, aceptó el perredista Isidro Pedraza”. Pues claro, nomás faltaba que los legisladores esperaran en vela el homenaje a Paz. Que nos despierten a ver cómo pasamos la noche. Si no nos duele el estómago, vamos; pero si hay ardores gástricos, no cuenten con este muñecón de la legislatura.

Cuentan las malas lenguas que el perredista Isidro Peraza dijo que los legisladores estaban muy cansados. Imaginen el viaje, el jet lag, el cambio de horario, en fon. Martha Palafox, del Partido del Trabajo, cabeceaba como badajo de campana hasta que los legisladores españoles la despertaron con sus gritos de entusiasmo.

No dejen de volver a España, señores legisladores, ustedes viajan y la nación paga. José Luis Preciado dijo que nunca había visitado España, caracho, senador, recuerde que los viajes ilustran. Mñe.

Sí, la lectora y el lector lo saben, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros acercan bandejas con Glenfiddich 15 años, Gamés tratará por todos los medios de que se le invite con todo pagado a Madrid, España, a un homenaje, el que sea, nada le hace, total. Entre tanto, la máxima de Montaigne circulará sobre el mantel blanco: “Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”.

Gil s’en va