Opinión

Hilo negro con plantón

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Plantón de maestros en Paseo de la Reforma. (Alejandro Meléndez)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se acercó a la entrevista que concedió Sylvia Schmelkes a Nurit Martínez y Silvia Otero de su periódico El Universal. Ella es la presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. En materia de educación, “México tiene un problema de velocidad, aceleración y riesgos”. La presidenta del INEE afirma que “en estados como Guerrero, Michoacán y Oaxaca existe un problema de cumplimiento de la ley, de la reforma, y no hay nada en contra de las violaciones de esa ley y eso nos preocupa”.

Qué perspicacia, qué percepción, que capacidad para ver aquello que nadie ve: esos tres estados de la República tienen un problema educativo, ¡eureka! Le informan a Gilga que la presidenta del INEE pasó un año en Marte realizando intensos estudios educativos. Bienvenida al planeta Tierra, maestra Schmelkes.

Nada que hacer

La presidenta del INEE removió la olla de nuestras esperanzas educativas con una cuchara de papel. “Frente al ausentismo y el activismo político de los maestros particularmente en Guerrero, Oaxaca y Michoacán, lo que esperaría es que la autoridad política, educativa, tomara lo que está en sus manos para hacer que la ley se cumpla, pero en los movimientos sociales no se puede hacer y esa es la realidad que estamos viviendo”.

Ante ustedes, el hilo negro y el agua tibia. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: la presidenta del INEE ha dicho que no hay nada qué hacer ante la CNTE. Gilga les recuerda que hubo un tiempo en el cual México tenía un secretario de Educación, pero esa costumbre cayó en desuso. El país tiene un secretario de Educación, pero en realidad es un actor que va y viene por un escenario actuando el papel de un secretario de Educación. Dedicado al arte dramático, Emilio Chuayffet finge ocupar un cargo que desapareció en México.

En Reforma

Mientras la presidenta del INEE le informaba a la nación que sólo el cumplimento de la ley puede ordenar más o menos la debacle educativa que impera en al menos tres estados de la República, los maestros de la CNTE llegaban a la Ciudad de México.

¿A qué vinieron? Vienen a cobrar los pagos atrasados por un trabajo que desde hace tiempo no realizan. Lectora y lector: leyeron bien, los maestros de la coordinadora cobran por no trabajar. Nosotros ya hicimos lo nuestro: bloqueamos carreteras, tomamos casetas, apedreamos edificios públicos, quemamos el congreso local de Guerrero. Ahora ustedes nos pagan y todos contentos.

¿Estamos? A los maestros de la CNTE de Guerrero los acompañaron los maestros de la Sección 22 de Oaxaca.

La Ceteg y la Sección 22 quisieron instalar un plantón en el Zócalo, pero se los impidió la policía. Entonces los maestros hicieron su plantón en el Paseo de la Reforma. Se cerró la circulación desde la Torre del Caballito hasta la Avenida Insurgentes. Rubén Núñez, dirigente de la sección 22, dijo: “llegamos aquí, a este punto, como nos ha mandado nuestro movimiento”.

El señor Núñez afirmó que algunas de las demandas de los maestros son: regularizar a todos los trabajadores de la educación en Oaxaca, revisar los pagos, la ley educativa local y lograr la libertad de los presos políticos. ¿Y la ciudad? ¿Cuál ciudad? ¿La autoridad? ¿Cuál autoridad? ¿La Cheyenne apá? ¿Cuál Cheyenne?

Nos vamos a quedar aquí tres días, nadie nos va a mover. Cantidad de alumnos que se quedarán sin clases durante 72 horas: un millón 300 mil. A cambio del plantón, autoridades de las secretarías de Gobernación y Educación dialogarán con los dirigentes de la movilización. ¿Cómo la ven? Sin albur.

De última hora.

Mientras Gilga escribía estas líneas Héctor Serrano, secretario de Gobierno del Distrito Federal declaró a los medios de comunicación: “Queremos agotar toda posibilidad de diálogo antes de desalojar a los maestros de Reforma. Una vez que se desarrolle la mesa de negociación. Y si se niegan a levantar el plantón, el Gobierno del Distrito Federal vería la manera de recuperar el espacio”.

La máxima de Stefan Zweig espetó dentro del ático de las frases célebres: “La medida más segura de toda fuerza es la resistencia que vence”.

Gil s’en va

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