Opinión

Hillary Clinton, la última oportunidad para el 'establishment'

 
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Hillary Clinton

A no ser que ocurra algo totalmente imprevisible, Hillary Clinton será la próxima presidenta de Estados Unidos. Finalmente, una mujer en la Casa Blanca. Al ver la evolución de este ciclo electoral, es claro que la única forma en que alguien con su perfil llegaría a la presidencia es contendiendo contra un rival tan profundamente defectuoso como Donald Trump. Hillary carece del carisma de su marido, y carga más bagaje que un 747, pero llegará a la Casa Blanca con un acervo de experiencia sin precedente. Fue una senadora pragmática, capaz de tejer alianzas con colegas republicanos, enorme avance sobre Obama, incapaz de negociación alguna. Gracias al daño que Trump le hará a su partido, es posible que los demócratas recuperen la mayoría en el Senado. La Cámara baja permanecerá en manos republicanas.

Dependiendo del resultado final, una implosión es posible e incluso una escisión del Partido Republicano. La candidatura de Trump ha incomodado tanto a republicanos tradicionales, pro migración y pro libre comercio, como a conservadores religiosos. En muchos casos sólo los une su unánime odio a los Clinton, y el miedo a que Hillary nomine hasta a tres jueces en la Suprema Corte, garantizando su perfil liberal por una generación. Si el Partido Republicano se desmorona, Estados Unidos corre el peligro de que muchos “deplorables” demócratas (usando el término que la candidata utilizó para describir a partidarios de Trump) ocupen espacios importantes en la administración de Clinton. Hillary movió su plataforma a la izquierda, tratando de darle cabida a los seguidores del candidato socialista independiente (que conste que ni siquiera “demócrata”) Bernie Sanders. Hillary tampoco entiende el costo de regulación excesiva. La ve más como fuente de ingreso. El que ambas cámaras fueran controladas por demócratas, sería peligroso.

Hillary entiende algo importante. En Estados Unidos, donde hay elecciones cada dos años, el capital político de un presidente está en su punto máximo en el primer año de gobierno, e irá en rápido descenso el resto de su administración. Obama desperdició parte de ese capital por inexperiencia. Venía de ser senador junior por Illinois. Hillary ya fue primera dama, senadora por Nueva York y secretaria de Estado.

Entiende perfectamente que la ventana de oportunidad para hacer algo relevante es estrecha. Por si fuera poco, es altamente probable que el Senado vuelva a manos republicanas en 2018. Así como este año hay más asientos republicanos en el Senado que están en contención, la situación se revertirá dramáticamente dentro de dos años, incluyendo muchos estados que teniendo un senador demócrata, fueron ganados por Mitt Romney en la última elección.

Bajo el mando de Hillary Clinton, Estados Unidos será la primera economía industrializada que recurre a un estímulo fiscal en este ciclo, justo cuando la Reserva Federal empieza a subir tasas de interés, señalando el fin del periodo de estímulo monetario. Hillary utilizará su capital político para impulsar un programa agresivo de inversión en infraestructura. Esto no es trivial. El crecimiento en el endeudamiento público preocupa a los estadounidenses, a pesar de que el costo financiero de esa deuda es hoy cercano a cero.

Es justo señalar que en este ciclo económico Estados Unidos va claramente delante de otros países industrializados. A diferencia de Europa, donde la recapitalización de los bancos después de la crisis de 2008 fue insuficiente, y el nivel total de activos bancarios sigue siendo 2.0 por ciento inferior al máximo alcanzado antes de la crisis, en Estados Unidos el gobierno los capitalizó, fue reembolsado por éstos, y los activos de su banca son 30 por ciento superiores al máximo previo.

Existe al menos la posibilidad de que Hillary aproveche su capital para introducir una reforma migratoria integral. Esa probabilidad crece si el voto hispano se presenta en grandes números (lo cual dudo), y si estados en contención como Colorado, Arizona, Nevada y Florida fuesen definidos por éste. Eso cambiaría la asignación de recursos a las comunidades hispanas en forma permanente, dada la tendencia demográfica de la que será la minoría más grande en Estados Unidos.

Pero, lo que sabemos también, es que la futura presidenta no olvida a quien la agravia. Peña Nieto decidió ser el tapete sobre el cual Donald Trump tuvo el mejor momento de su campaña. Puede irse olvidando de invitaciones a la Casa Blanca, o de cualquier deferencia.

Hillary Clinton no tendrá una presidencia fácil. Donald Trump no se acaba en noviembre. Se abrió una caja de Pandora que no será fácil cerrar. Esta es, quizá, la última oportunidad que alguien del establishment tendrá para demostrar que puede hacer una diferencia para el gran número de estadounidenses desplazados por la globalización y por la nueva revolución tecnológica. Además, tendrá que hacerlo con eficiencia fiscal. El mundo se salvó de un populista en la Casa Blanca, pero esa amenaza seguirá tocando a la puerta. Del desempeño de la primera mujer presidente dependerá si ésta se le abre.

Twitter: @jorgesuarezv

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