Opinión

¿Hay una guerra civil en México?

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Caen 19 civiles armados

Supongo que Héctor Aguilar Camín volverá sobre el asunto más pronto que tarde. El caso es que en enero, como quien no quiere, sembró en los lectores de Nexos la duda sobre si México vive una guerra civil.

“Es una exageración decir que México ha vivido los primeros años del siglo XXI una guerra civil. Quizá sea también una exageración sostener lo contrario. La llamada guerra mexicana contra las drogas ha sido a su manera una guerra civil: de las bandas del crimen organizado entre sí, y de éstas con las fuerzas de seguridad del Estado”, expone Aguilar Camín en el texto 'La captura criminal del Estado'. Agrega: “la ausencia de bandos discernibles, batallas formales y causas invocadas públicamente por los combatientes, desmienten el cuadro clásico de lo que llamamos guerra civil, pero la intensidad de la violencia, la regularidad de los enfrentamientos y, sobre todo, la cantidad de las bajas impiden mirar la violencia mexicana sólo como una epidemia criminal”.

Luego de soltar esa bomba, el director de Nexos hace un apretado, pero imprescindible, resumen de la pesadilla violenta de estos años, ensayo que concluye: “a estas alturas del desarrollo de aquella estrategia (de los gobiernos contra el narco, apunte mío) es difícil sostener que no se ha librado en México una guerra civil”.

Creo que no debemos dejar pasar la provocación de HAC. Sobre todo porque el autor desliza una cuestión esencial: ¿Quiénes compondrían los bandos de esta guerra civil y cuáles serían sus causas?

El 23 de noviembre, en Tequixquiac, Estado de México, fueron asesinados Adrián y Wilson, defensores de migrantes. “Es la primera vez que en nuestro país las amenazas de muerte y el hostigamiento de grupos delincuenciales que controlan la ruta migratoria de centroamericanos que intentan llegar a Estados Unidos llegan al extremo de la pérdida de la vida humana de dos personas que enfocaban diariamente su labor en el apoyo a las personas migrantes”, publicó al respecto la organización Fundar. Dos meses más tarde, el activista social Gustavo Salgado Delgado fue raptado y desmembrado en Morelos, donde vivía.

Traigo a colación estos dos eventos trágicos, que indebidamente apenas si llamaron nuestra atención dentro de otros muchos, en mi intento por aportar algo a lo que plantea Aguilar.

Estamos en una guerra civil que involucra a un bando que se distingue por un método y un objetivo. Ese bando está compuesto por diversos grupos, no necesariamente conectados entre sí y que pueden dedicarse a diferentes actividades criminales, que coinciden en el uso de la violencia para lograr el expolio de poblaciones inermes. Quienes se oponen a sus propósitos –sean activistas, defensores de derechos humanos, comunicadores, ciudadanos e incluso servidores públicos– son eliminados con facilidad y a bajísimo costo: menos de 2.0 por ciento de los homicidas serán sentenciados.

El párrafo anterior no contiene la palabra narcotráfico. Expertos en la materia ya han explicado la evolución de los mercados criminales y cómo el trasiego de drogas ya no supone, en forma alguna, la única actividad de los delincuentes organizados de nuestro país. Lo cual agrava el problema.

¿Otro de los bandos sería el de los ciudadanos? La respuesta es afirmativa: algunos agrupados en ONG, otros en autodefensas y uno que otro en solitario, como el legendario Don Alejo, que en 2010 prefirió morir a entregar su rancho en Tamaulipas.

La lucha luce desigual, pero están más que claras las partes. Resta sólo una interrogante: En los hechos ¿del lado de quién están gobiernos y partidos?

Habrá que volver, sin duda, a la cuestión planteada por Aguilar Camín.

Twitter: @SalCamarena

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