Opinión

¡Hay que subir el precio!

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Jitomate

Cualquier persona que se dedique a hacer negocios, ya sea de simple compra-venta de productos, a la manufactura y venta, e incluso a la importación o exportación, sabe que cuando los mercados empiezan a saturarse es el momento adecuado de subir los precios. No es necesario tener un monopolio, o estar cerca de tener uno, o de ser el jefe de un cartel de productores para entender esta regla de oro del sentido común, el menos común de todos los sentidos, según dicen algunos letrados filósofos de la ciencia. Ejemplos de esto se pueden encontrar por doquier, algunos en la calle, en actividades tan aparentemente sin importancia como un partido de fútbol y otros hay que buscarlos en sesudas notas y columnas periodísticas. Pongamos por ejemplo un partido, el del sábado, entre el equipo de la cementera azul contra el chiverío sin rumbo, por culpa de la alta dirección y el consejo de administración. Cualquier revendedor sabe a que hora la gente va a llegar sin boleto, ansiosa por presenciar un agarrón de miedo y eso les dice a que hora deben elevar el precio de su producto. Una vez empezado el duelo, el precio bajará paulatinamente.

Los jitomateros, o tomateros de algún lugar de Sinaloa saben perfectamente cuando deben elevar el precio de su salsa pico de gallo, porque las heladas arrasaron con parte de la cosecha y los fabricantes de teléfonos móviles inteligentes saben que añadiendo un mega pixel a sus cámaras, reduciendo el peso del aparato y poniendo un lápiz para que el usuario pueda escribir cuanta idiotez se le ocurra, pueden incluso duplicar el precio. Ninguno sabe economía, usan el sentido común. Pero no se alarmen, o como decía el buen Roberto Gómez Bolaños, que no panda el cúnico; del otro lado, en donde abundan los expertos egresados de las universidades más perronas, al parecer, la única materia que no tomaron, o reprobaron fue precisamente sentido común; la hay desde el nivel principiantes, hasta expertos en espionaje de agencias del servicio secreto. El buen maestro Holmes sabía perfectamente que todo era sentido común, y repetía a su asistente: elemental mi querido Watson, elemental.

Bueno, luego de tan rica introducción, debemos informar a qué rayos nos referimos; no se trata de los partidos políticos, que son tan buen negocio que ya tenemos nueve operando en el país, para una democracia a la que le urge entrar al programa contra el hambre, para ver si así se hace más fuerte y un poco más inteligente, aunque con tanto maestro exigiendo el pago de salarios caídos, va a tardar. Mejor es que nos sentemos a esperar el milagro.

No, no se trata de los partidos, a los que por ser tan buen negocio, libre de impuestos, al que ni Aristóteles, el filósofo, le pondría la mano encima, habría que subirles el precio, se trata, nada más y nada menos que de la corrupción. Ya nada hasta en la sopa; negocios por aquí, tranzas por allá, presupuesto faltante acullá y los legisladores filosofando si no se enojará la bancada X por ponerle la mano encima al personaje Z, o echarle de plano el guante al líder W. ¿Cómo subir el precio? Primero pensemos en el papel que ha jugado el buró de crédito para que los pobres banqueros no tengan que ir a hacer negocio de puerta en puerta; hicieron la lista de los malos. Bueno, pues hagamos la lista de los malos, que de aparecer ahí no serían elegibles ni para ser defensas del peor equipo de tercera división, o miembros de la porra. Estarían apestados. El precio subiría sensiblemente si al aparecer el la lista “un Juez” como dicen las sesudas notas periodísticas, ordena que se congelen las cuentas de los parientes de dichos personajes hasta el tercer grado de relación, pudiendo librar el obstáculo si reúnen, los implicados, evidencia fehaciente, de que son víctimas de un compló.

El pobre del Vasco Aguirre, la familia del Rey de España y poderosos personajes de la política y la banca no han librado acusaciones de corrupción y por lo menos, para tranquilidad de los ciudadanos, ya no tienen cargos. ¿Se podrá en México?, o de plano ya mejor damos una lana y apostamos a ver quien transa más en menos tiempo.

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