Opinión

Hay que serenarse y trazar estrategias

 
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Hay que serenarse y trazar estrategias.

Escribo este texto antes de que ocurra el town hall meeting del presidente Peña con los jóvenes. Ignoro si será todo un éxito o un desastre.

Escribí hace pocos días que me parecía 'un golpe de timón' haber cancelado la acartonada e irrelevante ceremonia de lectura del mensaje con motivo del Informe, y haberla sustituido por un nuevo y audaz formato.

También le escribí que me parecía que esta innovación reflejaba la intención de innovar, y le comenté que si esa visión se extendía a otras áreas de gestión, en los más de 800 días que restan del sexenio, habría oportunidad de cambiar la historia… y las historias.

Bueno, todo eso ya lo alteró Trump.

¿Por qué razón? Porque una parte central del ejercicio de gobierno es generar opinión, expectativas, sentimientos, entre la población. Y eso pretendía este nuevo ejercicio.

Pero la expectativa generada, la innovación, la nueva visión, todo ha quedado arrollado por el efecto negativo de la visita de Donald Trump.

Pocas veces una iniciativa gubernamental había recibido el nivel y tono del rechazo que tuvo la visita de Trump en vísperas del Informe.

El presidente sabrá qué pasó, de quién fue la responsabilidad, y qué medidas tomar internamente como consecuencia de lo que pasó.

Pero –con todo respeto– tras los hechos consumados, para México lo relevante no es cómo procese el gobierno internamente el hecho sino lo que debe hacer para que el país minimice costos y maximice ventajas.

Van algunas ideas.

1.– Debe reconocerse el error. Mientras se piense que México obtuvo ventajas de la visita de Trump, no hay nada qué hacer. Él no cambió su discurso en materia migratoria y sí le pretendió sacar jugo a su presencia en México. El gobierno necesita asumir que la estrategia falló.

2.– Toda crisis es oportunidad. Si se reconoce la crisis de opinión pública que se está viviendo, puede surgir la determinación y la audacia para cambiar cosas. ¿Cómo cuáles? Las directrices de la política frente a las elecciones en Estados Unidos, por ejemplo, para defender de manera abierta y explícita las posiciones de México, o abrirse ante la opinión pública y decir: teníamos la mejor intención pero nos falló el cálculo, vamos a corregir. Y hacerlo.

3.– El diagnóstico detrás de la visita de Trump es completamente correcto: es una amenaza para la estabilidad económica del país y no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Fue un fiasco el intento de convencerlo a través del diálogo y la cortesía. Pero hay que atarlo de manos, dar información a quienes lo rodean, cabildear. Es decir, operar políticamente para minimizar el riesgo. Eso no puede dejar de hacerse al margen de lo que haya pasado esta semana.

4.– El presidente requiere reposicionarse. En el contexto de la amenaza que representa Trump, lo peor que podemos hacer es debilitar la institución presidencial. Quien pierde no es el presidente sino el país. Y eso tiene que entenderlo en primer lugar el gobierno. El tema no es ni el presidente ni el PRI ni la sucesión. Somos nosotros. Tiene que planearse y ejecutarse una estrategia para levantar la imagen del presidente Peña. Eso le conviene a quien simpatice o no con él.

Hay mucha víscera en este momento. Se entiende. Pero no se pueden tomar decisiones con base en ella. Hay que serenarse y trazar y ejecutar estrategias.

Twitter: @E_Q_

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