Opinión

Hay que pedir sudor y paciencia

La historia todavía recuerda aquel discurso del 13 de mayo de 1940. En él, el nuevo primer ministro de Gran Bretaña, ofreció a su gente: “sangre, sudor y lágrimas”.

Winston Churchill ofreció sufrimiento y sacrificio para ganar el respaldo de la población e hizo que sus palabras quedaran como una frase imborrable.

¿Cómo logra un político decirle a su gente que en lo inmediato quizás le va a ir mal, pero que tiene que ser así para lograr un mejor futuro?

Esta es una de las preguntas esenciales que debieran hacerse los políticos de todas las corrientes y de cualquier lugar.

¿Cómo conseguir que un electorado acepte posponer los resultados favorables en el aquí y ahora para legar a nuestros hijos un mejor país, y respaldar al gobierno que lo ofrece?

Si el gobierno de Enrique Peña quiere ser exitoso deberá responder a esta interrogante.

Veo y escucho cada vez con más frecuencia quejas respecto a los resultados económicos que tenemos. Luego de que las empresas hicieron ya sus primeros pagos provisionales que le reportaron al fisco un incremento de 23 por ciento en sus ingresos tributarios, también escucho quejas respecto a la reforma fiscal.

Y lo peor es que en ese contexto, empiezan a surgir dudas respecto a las reformas estructurales, pues –se dice- no se ven sus resultados.

Ha faltado, sin duda, el arte de comunicar con profundidad y honestidad cuál será el verdadero efecto de las reformas, el cual será –sin duda- positivo.

Le pongo un ejemplo preciso: las tarifas de la energía eléctrica.

La publicidad oficial le ha dicho a la gente que pagará menos por la luz.

Esa afirmación no es correcta para el 88 por ciento de los usuarios, que tienen tarifa subsidiada.

Lo es para 468 mil usuarios de alto consumo y para cerca de 4 millones de usuarios que tienen tarifas comerciales e industriales.

Lo que va a suceder es que si todo sale bien con la reforma, a la vuelta de varios años, la generación eléctrica se va a hacer predominantemente con gas natural y éste es un combustible que va a ser más barato que la mezcla que hoy se utiliza y que incluye combustóleo.

La electricidad será más barata en el largo plazo para quienes no tienen tarifas subsidiadas.

El beneficio de contar con electricidad más barata para 4 .5 millones usuarios va a multiplicarse porque con costos más bajos, las empresas van a poder invertir más, generar más empleos e incluso a ofrecer bienes y servicios a precios más bajos.

Sin embargo, esa historia no se ha contado así.

Y, eso pasa con muchos otros aspectos de las reformas. Pareciera haber el temor de que a la gente no le importe el beneficio de largo plazo que las reformas van a traer y por lo tanto, la publicidad y a veces el discurso oficial, están ofreciendo beneficios inmediatos que probablemente no se van a dar. El ejemplo de las tarifas eléctricas es muy claro.

Me parece que ha llegado un punto en el que tiene que contarse otra historia en la que se apele al entendimiento de la gente y al deseo de dejar un mejor país a nuestros hijos.

No será sangre ni lágrimas, pero sí mucho sudor y paciencia, lo que hay que pedir.