Opinión

Hay que cambiar la agenda

Ayer el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, subrayó que si el caso Iguala-Ayotzinapa abona en la percepción de que en México no hay vigencia del Estado de derecho, se afectarían inevitablemente las inversiones.

Dice el viejo adagio de la economía que percepción es realidad. Sin duda.

Pero también hay que subrayar que realidad es percepción.

Si todo se tratara de generar una visión diferente del país, bastaría con contratar a las mejores agencias de publicidad y relaciones públicas del mundo, dejarlas hacer su trabajo y asunto arreglado.

No, no es el caso.

Se requiere que haya una sincronía entre la imagen que se quiere que se perciba y la que existe, porque si no tarde o temprano la realidad habrá de imponerse.

El caso de Iguala es emblemático porque nos revela un país que quizás no queríamos ver.

Imaginábamos una nación moderna, con inversiones crecientes, con crecimiento económico alto, con mejor educación. Y de repente la realidad nos enfrentó con un grupo de criminales que gobernaba Iguala y casi todo Guerrero, y que probablemente por un capricho decidieron “desaparecer” a 43 normalistas.

Un grupo que, por cierto, era probablemente un brazo político de otras organizaciones que nada tienen que ver con la formación genuina de los maestros, sino con la creación del tejido social de las organizaciones radicales de Guerrero.

Anteayer fue Oaxaca; ayer fue Michoacán y hoy es Guerrero. Y súmele.

Hay un país que necesita serenarse, que requiere de políticas sociales eficaces pero sobre todo de acción política precisa y oportuna.

De repente, el PRD se dio cuenta de que un estado que presuntamente gobierna, está desgobernado y es dominado por organizaciones radicales que parecen trasladadas de las década de los 70 en el siglo pasado y por cárteles de la droga que ponen y quitan a ediles de sus colores.

Pero -y eso es lo relevante en este caso- Iguala no es México.

Quizás sea un esfuerzo infructuoso plantearlo porque lo políticamente correcto en este momento es decir lo opuesto.

Sin duda, requerimos que la justicia se haga valer en este terrible caso.

Pero en nuestro país, ni todo es violencia ni todo es corrupción, ni todo es impunidad.

Hay quien gusta de flagelarse y pensar que vivimos en el peor de los mundos. No es así.

La razón por la que urge que el caso Iguala-Ayotzinapa se resuelva pronto es para dejar ver el resto del país.

De agosto, cuando se promulgaron las leyes de la reforma energética a la fecha, el país no es esencialmente diferente.

Ni vivíamos en el paraíso entonces ni vivimos en todas partes en el infierno ahora.

La prevalencia del Estado de derecho es algo que, sin duda, urge. Y tendrán que haber decisiones que lo hagan valer.

Pero, no vayamos a perder la visión de la realidad. Necesitamos aterrizar las reformas; requerimos crear condiciones efectivas de competencia en múltiples sectores; hay que mejorar las políticas sociales; hay que crear un mejor ambiente para hacer negocios.

Las tareas que teníamos allí siguen y más vale que no las perdamos de vista, con todo y lo grave de la situación de Guerrero.

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