Opinión

Hamas y el judaísmo en el mundo

La crisis humanitaria que se vive en la Franja de Gaza la provocó el movimiento terrorista Hamas. Cuando Hamas inició el lanzamiento masivo de cohetes a territorio israelí en julio pasado, ya sabía que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) poseían un sofisticado sistema para rechazarlo: Cúpula de Hierro. Por lo demás, no es creíble que previo a la ofensiva de las FDI a Gaza, éstas no supieran de la existencia de los túneles del terror que cruzan desde esta última región a territorio israelí, quizá lo que ignoraban era la dimensión de los mismos. Asimismo, es posible que los estrategas de las milicias de Hamas sabían que habría una ofensiva contundente de las FDI contra la Franja de Gaza, sobre todo a la luz de ofensivas previas: Lluvia de Verano (28 de junio al 26 de noviembre de 2006) y Plomo Fundido (diciembre de 2008 a marzo de 2009).

Al fragor de las batallas es evidente que Hamas nuevamente fue derrotado en la ofensiva israelí, Margen Protector, que comenzó en julio pasado y, no obstante esta evidente realidad, en las negociaciones para el cese del fuego entre Israel y Hamas, este último ha tenido una actitud desafiante frente al primero: o Israel acepta sus condiciones para una tregua de largo plazo o Hamas se lanzará a una guerra de desgaste; con ello habrá numerosas víctimas gazaties; a Hamas no le importa la vida de su gente. En este sentido, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha expresado que la delegación de Israel en el Cairo, donde se está negociando la tregua, está trabajando bajo directrices muy claras para defender las necesidades de Israel, “sólo si hay respuestas a las mismas llegaremos a un entendimiento; si Hamas piensa que puede encubrir su derrota militar con un logro político está equivocado. Mientras no regrese la calma, Hamas seguirá sufriendo golpes muy duros”.

En este contexto, Israel mantiene firmemente su demanda del desarme de Hamas y no cederá a la petición de esta organización de que se establezca un puerto marítimo y un aeropuerto en la Franja de Gaza, “porque esto sería como un duty free (tienda libre de impuestos) para los cohetes”. Por otra parte, Israel insiste que al frente del gobierno de Gaza esté la Autoridad Nacional Palestina, quien hasta el presente ha sido el único interlocutor válido de los palestinos. A la luz de los hechos bélicos de Gaza, hoy día se presenta una oportunidad única para que Hamas y la Autoridad Nacional Palestina fijen bases firmes para una verdadera negociación de paz con Israel y para la creación de un Estado Palestino. Si Hamas la desaprovecha, lo lamentará más adelante; si sus fanáticos y corruptos líderes no ceden, tendrán sus días de vida contados.

La guerra en la Franja de Gaza no sólo representó una amenaza existencial para los israelíes; a la vez, la victimización que Hamas logró de los palestinos activó el antisemitismo existente en el mundo, e incluso “saco del ropero a viejos antisemitas”, particularmente en Europa, a través de cinco millones de islamitas radicales, de los más de cincuenta millones que viven en ese continente. La campaña de odio hacia los judíos está en efervescencia. El ambiente antisemita que se vive hoy en Europa, incluyendo a varias repúblicas exsoviéticas como Ucrania, es similar a la época que precedió el ascenso de Hitler al poder. Sin embargo, el antisemitismo no es cosa del pasado; es una amenaza real sobre lo que hay que hablar fuerte. La persistencia del odio antisemita que ha envenenado el alma de los europeos está extendiéndose a Estados Unidos y a América Latina. El pueblo judío sabe muy bien estos odios ancestrales de los cuales frecuentemente fue víctima y que hallaron su expresión más terrible en el holocausto.

La demonización de los judíos ya no es promovida únicamente por las iglesias cristianas; el analista internacional Alberto Ruskolekien ha consignado que hay una corriente, que no es pequeña, dentro del Islam, que agarrándose de pasajes del Corán, intenta aplicar históricamente la demonización de los judíos; la guerra en Gaza está ayudando a radicalizar a los diferentes grupos islámicos. Así, por ejemplo, el líder de la organización terrorista Hesbolla con sede en Líbano, Hassan Nasralla, que ha apoyado al régimen Sirio de Bashar al-Assad, ha declarado recientemente que Israel es un cáncer y el objetivo final es eliminarlo; Israel es una identidad ilegítima y una amenaza para la región.

En este ámbito, la ONU ha decidido impulsar una comisión investigadora para juzgar a Israel, empero, no hizo algo similar con los doscientos mil muertos en Siria, los decapitados en Irak o los presos de Cuba. El encargado de la comisión es un abogado canadiense quien tiene antecedentes de desarrollar una política antiisraelí, por ello es fácil predecir cuáles serán los resultados de su investigación.

Finalmente, los prejuicios antijudíos se han trasladado a la Franja de Gaza. El conflicto entre Israel y Hamas no es de carácter territorial; en la Franja de Gaza no hay presencia de las FDI, éstas se retiraron de ese territorio unilateralmente en 2005, y tampoco hay población israelí en el mismo. Más bien el problema deriva del odio que surge del fanatismo religioso de Hamas contra los judíos.

Una parte de la aversión de un número importante de individuos en el mundo contra Israel y los judíos proviene de la confusión que estos últimos reciben de los medios de comunicación y de la falta de entendimiento de intelectuales y otra “gente preparada” de lo que realmente sucede en el ámbito de los judíos y de Israel; líderes políticos y gobernantes que enfrentan problemas sociales en sus países están desviando la atención de la gente de los mismos y la enfocan en el conflicto de Gaza, esto sucede hoy día especialmente en varias naciones de América Latina: Argentina, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Venezuela y Cuba, principalmente, e incluso en países con menos dificultades económicas y sociales como Chile y Uruguay y, adicionalmente, las relaciones entre el presidente Obama de Estados Unidos y Benhamin Netanyahu ya han tocado “su punto más bajo”. Estados Unidos ha detenido el envío de misiles Hellfire a Israel porque funcionarios de la Casa Blanca temen que Israel use artillería pesada, en vez de municiones de precisión en sus ataques a áreas pobladas.