Opinión

Hacia una economía verde

La idea de transitar hacia una economía verde se basa fundamentalmente en un cambio de paradigma de crecimiento, en donde aparte de medir el insumo de tierra, trabajo y capital, en sus diversas formas, se mide el gasto en que se incurre para la conservación de recursos, en reducir el uso de ciertos factores nocivos para el medio ambiente y todo lo que se invierte para hacer que la economía entre en un ciclo de crecimiento sustentable y sostenible. La economía mundial está viviendo un momento en el que l crecimiento en las diversas regiones del mundo es irregular; algunas economías crecen y otras están estancadas, lo que ha afectado el volumen de producción, así como el comercio entre regiones, generando fuertes desigualdades, que se añaden a lo que ya veníamos arrastrando.

Según un análisis de la OCDE, se prevé que el crecimiento global se desacelere, en la medida en que aumenten las desigualdades salariales. A esto hay que sumar el envejecimiento de la población y la drástica reducción en el crecimiento de las grandes economías emergentes y el efecto de las emisiones de CO2 sobre el crecimiento de las economías asiáticas.

Por otro lado se estima que el tránsito hacia una economía verde requerirá de grandes avances tecnológicos, lo que generaría una fuerte demanda por personal altamente calificado. Sin un cambio en las políticas, estos cambios podrían producir mayor desigualdad salarial, lo que reduciría el crecimiento, al obstaculizar las oportunidades económicas. México se encuentra en esta situación, con grandes rezagos sociales, elevada pobreza y marginación, salarios demasiado bajos y elevada desigualdad entre regiones. En caso de poder promover inversiones en nuevas tecnologías, para avanzar hacia una economía verde y de que se pudiera capacitar y preparar a los obreros requeridos para los nuevos puestos, sin ajustes adicionales en las políticas públicas estaríamos generando una mayor desigualdad salarial, lo que a la larga frenaría el crecimiento.

Otros efectos colaterales se vislumbran: en caso de aumentar los ingresos y el número de plazas en México, se reduciría la diferencia de salarios con Estados Unidos, lo que tendería a desincentivar la emigración, causando fuertes presiones en aquel país para poder complementar su mano de obra que está en proceso de envejecimiento. Al mismo tiempo, la mayor producción en México de mayor valor agregado, tendría un efecto sobre el nivel de riqueza, lo que tendería a aumentar el comercio, específicamente las importaciones de varios productos desde algunas otras economías emergentes y avanzadas.

Dentro de los grandes cambios para poder enfrentar el reto de avanzar hacia una economía verde, se encuentra redefinir políticas redistributivas eficientes, con un enfoque muy claro en la igualdad de oportunidades, una revisión en el sistema de financiamiento de servicios públicos y en la estructura impositiva del país.

Fomentar la educación atendiendo las causas que orillan a los jóvenes a abandonar sus estudios y enfocándose en la elevada calidad, en áreas técnicas de gran demanda, sería una política de apoyo para el objetivo. Del lado del financiamiento de los servicios públicos, hay que liberar recursos públicos, cobrando por ciertos servicios como el agua, la recolección de basura y el transporte, para ejercerlos en áreas de mayor rentabilidad social. Finalmente, en el rediseño de la estructura fiscal, el esquema es claro en el sentido de avanzar sobre los impuestos al consumo. El planteamiento está, sólo hay que atreverse a ponerlo en práctica.