Opinión

¿Hacia dónde mira Carlos Slim?

De motu propio, ningún empresario, por altruista que fuere, decide disminuir el monto de sus ganancias. Ahora que aparentemente Carlos Slim lo hace, surgen muchas interrogantes sobre una incuestionable certeza: incluso el hombre más adinerado se somete a la reforma en telecomunicaciones. No quiere ser sancionado por el Ifetel como actor preponderante en el área que durante las últimas dos décadas lo ha enriquecido hasta alcanzar el top mundial.

Y si bien hay que admirar que esta reforma en lo inmediato muestra su eficacia, también es necesario preguntarnos hacia dónde mira don Carlos.

Hasta donde son confiables los datos nacionales y foráneos, el pastel de las telecomunicaciones en nuestro país (telefonía fija, móvil y banda ancha) está cercano a la cifra de 22 mil millones de dólares anuales y si a esto se suman dividendos y extras, el redondeo casi llegaría a los 27 mil millones en moneda verde. Pues bien, don Carlos decidió “desincorporar” ciertas bases de datos y líneas telefónicas hasta disminuir el porcentaje de 70 por ciento que tiene en esas jugosas áreas, hasta sólo 49 por ciento y, de este modo, ya no ser considerado como determinante monopólico y así evitar sanciones severas.

Esta estratagema le permitiría entrar al mundo de la televisión que le resulta tan apetecible.

¿Es que la televisión en México da más dinero a los empresarios que las telecomunicaciones? No, no es así. El cálculo más apuntado por las cifras oficiales y diversos expertos hablan de tan sólo 2 mil 500 a 2 mil 780 millones de dólares anuales. La diferencia es notable entre esas dos esferas. Luego entonces, si don Carlos, señor de las estadísticas, los porcentajes y los rejuegos financieros ha decidido vender una buena parte de sus activos para incursionar en la televisión abierta cuando surjan las licitaciones, debemos preguntarnos, ¿lo hace para disputar un mercado ocho o nueve veces más pequeño que el que ya tiene en telecomunicaciones? ¿Se desprende de haberes “importantes” porque era más lo que tenía que invertir que ganar o, la televisión ejerce un poder magnético y sobre todo político en quien la detenta? ¿Se pretende deshacer de lo que le representa una carga como son las radios bases?

Seguramente piensa en las decenas de millones de suscriptores en telefonía que, en automático, entrarían a su empresa televisiva.

La forma en que América Móvil ha declarado se desprenderá de sus acciones, indica que lo hará con quien demuestre ser una empresa sólida y con características claras de servicio. En buen romance nos dice que, con celo cuidará a quién vender. Sobra decir que para buscar un competidor, éste será a modo. Lo más probable, ya que la ley lo permite, es que puedan ser algunos tiradores internacionales como Verizon Communications, China Telecom, Deutshe Telekom o AT&T.

Lo relevante será cuando en poco tiempo podamos ver que las tarifas telefónicas, tan caras como malo es el servicio, desciendan y mejoren. Daremos gracias a legisladores y al Ejecutivo en el momento en que al “arrepentimiento” de haber concentrado tanto el servicio telefónico como las montañas de utilidades, veamos que como usuarios hemos sido tomados en cuenta y beneficiados en nuestra calidad de vida.