Opinión

Habrá crecimiento ¿pero también empleo?

El mundo se enfrenta hoy a un dilema: el crecimiento que probablemente vendrá en los próximos años no necesariamente va a ser generador de empleo.

La razón es muy simple y la hemos vivido en varias ocasiones. Estamos en el umbral de una revolución tecnológica que va a disparar la productividad del trabajo. Y eso va a significar que se van a requerir menos personas para generar el mismo producto.

La historia nos ha mostrado que, a la larga, las revoluciones tecnológicas acaban generando nuevos puestos de trabajo, muchos más de los que se cancelan por efecto de los cambios.

Pero la transición puede ser larga y compleja.

Una de las mejores explicaciones de la revolución tecnológica que enfrentamos está en el texto de Erik Brynjolfsson y Andrew Mcafee, “The Second Machine Age”.

Los autores muestran que la primera edad de las máquinas, que llegó con la revolución industrial, trajo el vapor como fuerza motriz y se convirtió en el episodio más transformador de la historia humana.

Por primera vez, de modo generalizado, se pudo sustituir la fuerza física de personas o animales.

La creación de la industria permitió la liberación de tiempo y recursos de las personas, de modo extraordinario.

Hoy nos enfrentamos al umbral de una etapa en la que lo que se va a sustituir no es la fuerza física, sino determinadas habilidades mentales que pueden ser realizadas por las máquinas.

El desarrollo de computadoras que procesan mucho más rápido grandes volúmenes de información; de las telecomunicaciones e Internet y de las aplicaciones a objetos físicos, serán la característica de esta nueva era.

Los autores narran el que quizás es el caso más espectacular de esta nueva era: su viaje en un auto sin conductor, el proyecto “Chauffeur”, que es uno de los más relevantes de los Google Labs.

Viajando en el asiento trasero del auto, con dos ingenieros en los asientos delanteros, el autor hizo un recorrido por el Highway 101 en Sillicon Valley. La combinación de sensores, programación, controles automáticos, permiten que hoy un auto ya se conduzca sólo, con entera seguridad, en medio del tráfico.

Eso hace pensar que a la vuelta de algunos años o quizás una década, el trabajo de conductor va a desaparecer o al menos a escasear.

Esa historia se va a repetir en muchos otros puestos de trabajo.

Pero, quizás uno pudiera pensar que ese tipo de problemática va a afectar sobre todo al empleo en las naciones desarrolladas, no en México.

Me temo que no.

Uno de los proyectos que esta administración tiene es incrementar la
productividad del trabajo y de la economía en su conjunto.

En diversas ocasiones, la Secretaría de Hacienda ha presentado una gráfica en la que se aprecia que entre 1981 y 2011 la productividad total de los factores en México cayó a una tasa de -0.7 por ciento anual en promedio.

En un periodo más reciente, y en el caso específico de la productividad laboral, los datos del INEGI muestran que hay un leve crecimiento en los últimos 8 años, de 0.8 por ciento anual en promedio.

Sin embargo, desde que existen datos disponibles para las manufacturas, su crecimiento promedio anual es de 1.15 por ciento.

Si la estrategia gubernamental resulta exitosa y llegan más inversiones en la industria y especialmente en las manufacturas, probablemente esa tasa de productividad crezca.

El problema es que allí se van a generar buenos empleos pero insuficientes.

En el curso de los próximos dos o tres años será necesario desarrollar una nueva estrategia del empleo para garantizar que no sean creados sólo empleos de alta productividad, sino también otros de mediana o incluso de baja, pues de lo contrario no habrá ritmo de crecimiento que alcance para generar el número de puestos de trabajo que necesitamos.

El tema requiere de más análisis. Lo haremos próximamente.

Twitter: @E_Q_