Opinión

Ha llegado el momento de la verdad para Europa

 
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Paul Krugman. Ha llegado el momento de la verdad para Europa.

Muy bien, esto es real: los bancos griegos han cerrado, se han impuesto controles de capital. A partir de este punto, la salida de Grecia de la zona del euro (o Grexit, como se le llama) no es una exageración. La tan temida madre de todas las situaciones de pánico bancario ya ha ocurrido, lo que significa que el análisis de costo-beneficio es mucho más favorable que nunca para una salida del euro.

No obstante, evidentemente algunas decisiones tienen que esperar al resultado del referendo sobre si Grecia aceptará las condiciones de sus acreedores.

Yo votaría “no” por dos motivos. Primero, por mucho que la posibilidad del abandono del euro espante a todos (incluyéndome), la troika está exigiendo ahora efectivamente que el régimen estratégico de los últimos cinco años continúe indefinidamente. ¿Cuál es la esperanza en ello? Que quizá, solo quizá, la disposición de Grecia a abandonar la Eurozona inspire una reconsideración (aunque probablemente no sea así). Independientemente de eso, la devaluación no crearía mucho más caos del que ya existe, y allanaría el camino para una eventual recuperación, de la misma forma en que ha ocurrido muchas otras veces en muchos otros sitios. Grecia no es muy diferente.

En segundo lugar, las implicaciones políticas de una votación a favor del “sí” serían profundamente problemáticas. La troika claramente interpretó a un “Corleone a la inversa”: hizo al primer ministro, Alexis Tsipras, una propuesta que no podía aceptar, y presumiblemente lo hizo así conscientemente. Por tanto, el ultimátum fue, de hecho, una medida para reemplazar al gobierno griego. E incluso si a usted no le gusta el partido Syriza de Grecia, eso tiene que ser preocupante para cualquiera que crea en los ideales europeos.

Un acto de monstruosa locura
Hasta ahora, todas las advertencias sobre una inminente separación del euro han resultado equivocadas. Los gobiernos, independientemente de lo que digan durante las elecciones, ceden a las demandas de la troika; mientras tanto, el Banco Central Europeo entra en acción para calmar a los mercados. Este proceso ha mantenido fusionada a la unión monetaria, pero también ha perpetuado un régimen de austeridad profundamente destructivo; no permite que unos cuantos trimestres de crecimiento modesto en algunos países deudores eclipsen el inmenso costo de cinco años de desempleo masivo.

Como cuestión política, los grandes perdedores de este proceso han sido los partidos de centro-izquierda, cuyo consentimiento en medio de las duras medidas de austeridad -y, consecuentemente, su abandono de lo que sea que supuestamente defendían- les hace mucho más daño que las políticas similares a la centro-derecha.

Me parece que la troika suponía, o al menos esperaba, que Grecia iba a ser una repetición de esta historia; que Tsipras haría lo de habitual
-abandonar a gran parte de su coalición y probablemente verse forzado a hacer una alianza con la centro-derecha- o que su gobierno de Syriza se vendría abajo. Y cualquiera de estas cosas todavía podría ocurrir.

Pero, al menos hasta este momento, Tsipras parece no estar dispuesto dejar caer su espada. Más bien, de cara al ultimátum de la troika ha programado un referendo sobre si aceptarlo o no. Esto está llevando a mucha preocupación y a declaraciones de que Tsipras está siendo irresponsable. Pero, de hecho, está haciendo lo correcto, por dos motivos.

Primero, si gana el referendo, el gobierno griego será empoderado por la legitimidad democrática, lo cual, pienso, importa en Europa. (Y de no ser así, también debemos saberlo.)

En segundo lugar, hasta ahora Syriza ha estado en una posición complicada en términos políticos, pues los votantes están furiosos por las exigencias siempre crecientes de austeridad y poco dispuestos a abandonar el euro.

Siempre ha sido difícil ver cómo podrían reconciliarse estos deseos; ahora es aún más difícil. De hecho, el referendo pedirá a los votantes que elijan su prioridad, y que den a Tsipras el mandato para hacer lo que deba hacer si la troika lleva al gobierno al borde.

Si me preguntan, los gobiernos e instituciones acreedores han cometido un acto de monstruosa locura al llevar las negociaciones hasta este punto. Pero lo hicieron, y no puedo culpar para nada a Tsipras por recurrir a los votantes.

La hora de la decisión en Grecia
El 30 de junio, Grecia no realizó un pago de deuda de mil 500 millones de euros (mil 600 millones de dólares) al Fondo Monetario Internacional. Es la primera vez que una nación europea no hace un pago al FMI.

Aunque muchos analistas consideran que Grecia está efectivamente en incumplimiento de pagos, el FMI ha determinado oficialmente que la nación está “atrasada”, una distinción que Grecia ahora comparte con Zimbabue, Sudán y Somalia.

Grecia ha estado trabada en negociaciones con sus acreedores desde enero, cuando el izquierdista partido Syriza fue elegido al poder con base en una plataforma de renegociación de los acuerdos del rescate del país y reducción de las políticas de austeridad. A finales de junio, las autoridades griegas parecían casi haberse rendido ante las exigencias de los acreedores cuando presentaron una propuesta de rescate que incrementaría significativamente las medidas de austeridad. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por los acreedores por depender excesivamente de incrementos a los impuestos en lugar de enfocarse en los recortes a las pensiones y el gasto social.

Luego de que los acreedores presentaran una contrapropuesta, el primer ministro Alexis Tsipras, en una medida sorpresiva, anunció que Grecia celebraría un referendo el 5 de julio sobre la aceptación de las condiciones. Varios líderes europeos han expresado públicamente consternación ante el hecho de que el tema esté siendo puesto a votación, y muchos han insistido en que un resultado a favor del “no” indicaría que Grecia ya no desea permanecer en la Unión Monetaria Europea, y que más bien prefiere volver al dracma.

“Este gobierno no ha hecho nada desde que llegó al poder”, dijo recientemente en un discurso Wolfgang Schäuble, el ministro de Finanzas de Alemania. “Con toda honestidad, no se puede esperar que dialoguemos con ellos en una situación como ésta”.

El economista Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel, señaló en una reciente columna de opinión para The Guardian que es difícil aconsejar a los griegos sobre de qué manera votar. “Ninguna alternativa -la aprobación o el rechazo de las condiciones de la troika- será fácil, y ambas conllevan enormes riesgos. Una votación a favor del “sí” significaría una depresión casi sin fin. En comparación, una votación por el “no” al menos abriría la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pudiera tomar su destino en sus propias manos”.

Twitter: @NYTimeskrugman

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