Antidemocracia neoliberal
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Antidemocracia neoliberal

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Antidemocracia neoliberal

06/12/2018

Los defensores del neoliberalismo contra las críticas de AMLO deberían saber, primero, que defienden un conjunto de ideas contrario a la democracia política; segundo, que es un recetario para adelgazar al Estado que, aplicado en México, ha sido como haber puesto a dieta a un anoréxico y tercero, que hay una versión de la democracia que pone el acento en la calidad de vida de los ciudadanos, que es en lo que deberíamos ocuparnos en vigilar que se cumpla.

Lo primero; el propósito neoliberal fue vaciar de contenido económico y moral a la democracia para ampliar las libertades económicas, a costa de las políticas económicas de interés social.

Según el neoliberalismo, el Estado sólo tiene que proteger los mercados de interferencias, especialmente de la suya, lo que en México se manejó con el dicho de Serra Puche, secretario de comercio y fomento industrial de Salinas de Gortari, de que la mejor política económica es la no política; otra faceta fue el desmantelamiento de bienes, servicios y empresas públicas.

Se logró acabar con la economía mixta, con el Estado de bienestar y con la idea de un destino socialmente compartido y moralmente solidario. El ataque fue dirigido contra el Estado benefactor europeo y transmitido a países como el nuestro a través del Banco Mundial y del FMI.

Haber adelgazado al Estado mexicano en sus políticas económica y de beneficio social, dejó vacíos de poder que han ocupado desde corporaciones transnacionales hasta el crimen organizado.

Hoy vemos que las estructuras económicas privadas que concentran mayor poder -bancos, hospitales, universidades, etcétera- pesan más en la vida económica y social de las clases medias, de las que abusan, que las disminuidas instituciones del gobierno. Éstas deben recuperar autoridad para aplicar la ley y conforme a ella, moderar el lucro excesivo de negocios abusivos.

Entre los defensores del neoliberalismo se ha orquestado la descalificación de los señalamientos de López Obrador como “simplones”; con eso se visten varios opinólogos de televisión, radio y prensa.

Lo que le vendría bien al país es que las clases medias nos ubicáramos ante los enormes desafíos -y riesgos- de construir un sistema de vida social como lo prevé el artículo 3ro de la Constitución, ya centenario y no por ello obsoleto, aunque sí inaplicado; considera ese artículo a la democracia “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.