Opinión

Guerrero y Nuevo León, ¿quebrados?

 
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Monterrey

De acuerdo con los gobernadores, electo de Nuevo León y saliente de Guerrero, sus finanzas están quebradas. Ambos estados enfrentan situaciones insostenibles en sus finanzas públicas, abrumados por el servicio de su deuda, por el déficit de educación básica y, particularmente en Guerrero, por un manejo poco transparente de su presupuesto.

Esto a pesar de que la sostenibilidad de la deuda pública en las entidades federativas es mayor que la deuda del gobierno federal, 88 por ciento respecto a sus participaciones, frente a más de cuatro veces la federal. Aunque hay algunos casos difíciles como Nuevo León, Quintana Roo, Nayarit y Coahuila, entre otros, que rebasan por mucho el promedio, no llegan al extremo de la deuda federal.

Pero no deja de ser un problema que en algunas entidades se concentre la deuda de las entidades federativas, y sólo en 25 municipios la mitad de la deuda municipal.

Con la crisis de 2009 se acentuó el endeudamiento de los estados, no sólo por la extrema dependencia respecto de las transferencias federales, las cuales han sido insuficientes pues sólo después de cinco años recuperaron su nivel de 2008; también por la terrible concentración del poder tributario en el gobierno central, los estados tienen menos de 3.0 por ciento del mismo, promedio inferior incluso al de los países unitarios de la OCDE y de América Latina. Con el tiempo, en lugar de regresarles facultades impositivas se fueron creando incentivos para que se endeudasen más, y más, y más.

Nuevo León tiene una deuda registrada de 66 mil millones de pesos, cuyo servicio tiene un costo presupuestario recurrente, por ejemplo sus recursos propios están comprometidos como garantía. Es menor a la del DF, pero esta entidad tiene un PIBE de más del doble y sus ingresos propios rebasan por mucho los neoleoneses.

La deuda de Guerrero es mucho menor que la de Nuevo León, un poco más de tres mil millones los que dejó Zeferino ya que no le dio tiempo al anterior gobierno de endeudarse, además de que fue bien apoyado por el gobierno federal con el gasto federalizado.

En suma, Guerrero y Nuevo León, es cierto, enfrentan una situación difícil. En el primer caso se trata del estado más dependiente de la Federación, con menor competitividad, que no recauda por ingresos propios ni el uno por ciento de sus ingresos totales, pero ha sido el más apoyado con el gasto federalizado, lo que explica mejoras en sus indicadores de pobreza. Nuevo León en cambio, sigue siendo un estado competitivo, pero tiene bursatilizados sus ingresos propios.

En ambos casos es urgente que los gobernadores Héctor Astudillo y Jaime Rodríguez conozcan el monto de los adeudos contingentes, que en otros estados han rebasado la deuda local, como sucede con los déficit en materia de educación básica.

Nuevo León tiene saldos que nunca le van a reconocer, ya que ante el incumplimiento federal, ponía recursos propios como préstamo, que nunca le repusieron.

Guerrero ha tenido casos terribles de corrupción, por eso no es un estado viable.

Sólo con un apoyo federal fuerte podrá salir adelante, pero a cambio el gobierno estatal deberá tener disciplina presupuestaria, revisar su estructura administrativa y reubicar al personal en donde haga falta, recurriendo incluso a un programa de retiro voluntario. No se trata de correr burócratas, sino de buscarles ocupación productiva, donde lo que se gaste no sea un seguro de desempleo disfrazado.

Ambos gobernadores deberán tener un lema de ‘Cero tolerancia contra la corrupción’, más burda quizás en Guerrero, y de “cuello blanco” en Nuevo León, pero en ambos casos son prácticas igual de nocivas para la sociedad.

Twitter: @davidcparamo

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