Opinión

Guerrero, la ley de la selva

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Palacio de Gobierno Guerrero

La violencia, la inestabilidad y la ingobernabilidad en Guerrero han cambiado el estado de cosas en México. Ya no se puede hablar de una lucha entre autoridades y opositores. Guerrero marca un antes y un después tras dos meses y medio de agitación social y política, que obliga a cambiar las categorías de análisis para entenderlo. En el estado, la administración de la violencia dejó de ser patrimonio del gobierno y hoy es de los maestros. Manda y controla quien tiene la mayor fuerza, porque el modelo que predomina es la ley de la selva.

Para entender Guerrero hay que leer el Leviatán de Thomas Hobbes, donde el estado natural encuentra su origen en el miedo y en la necesidad de dominarlo. Todos los hombres son violentos por naturaleza, afirma el filósofo inglés, porque utilizan la violencia para satisfacer sus necesidades. Hace un año se planteó en este espacio que en Guerrero ya se vivía la ley de la selva, porque los incentivos estaban volteados. Nada se corrigió y el más fuerte avanzó. Lo que describe Hobbes, que se apega a la cotidianidad en Guerrero, es la condición anárquica de los individuos.

Los incentivos volteados están en el cambio de aliados del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para impulsar su reforma educativa, encarcelando a la líder del magisterio, Elba Esther Gordillo, e impulsando a la CNTE, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que lleva 40 años de disidencia. El subsecretario de Gobernación, Luis Miranda –compadre de Peña Nieto–, responsable real de la política educativa, facilitó su expansión de cuatro a 22 estados, y les dio plazas y recursos, como un método de negociación. Miranda nunca leyó a Hobbes, que dice que cuando el hombre logra sus necesidades primordiales a través de la violencia, seguirá utilizándola para sus siguientes metas.

Guerrero es el Leviatán de Peña Nieto. El presidente de la República ordena, y la disidencia magisterial dispone. Esto no es un simple juego semántico. Hace una semana y media el presidente Peña Nieto prometió que el gobierno se encargaría de que no habría más bloqueos en las carreteras, y la disidencia magisterial cerró la autopista del Sol el viernes durante cuatro horas. Vienen más cierres de carreteras, tomas de instalaciones de gobierno y una huelga nacional al arrancar 2015.

Cuando le preguntaron en la prensa al comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo, si cumplirían con la instrucción presidencial para evitar que los maestros siguieran estrangulando la economía de Guerrero, y proyectando imágenes de desorden y ausencia de gobierno ante el mundo, dijo, palabras más, palabras menos, que harían lo posible. En Guerrero, el gobierno federal está subordinado a la violencia de la disidencia magisterial. Las autoridades dicen no querer incendiar más al estado, y la disidencia magisterial, ante su debilidad, eleva la provocación.

El viernes bloqueó cuatro horas la autopista del Sol, en abierta burla al presidente de la República. El sábado, en la Región de la Montaña, sus cuadros dentro del Movimiento Popular de Guerrero secuestraron a 100 periodistas. La madrugada del domingo fueron al hotel en Chilpancingo donde se hospeda la Policía Federal y los sacaron de sus habitaciones a toletazos. En esa capital se enfrentaron con los agentes y mandaron al hospital a seis, uno de los cuales se debate entre la vida y la muerte. La respuesta de la Policía Federal fue acudir a la PGR, como cualquier ciudadano, a presentar una denuncia para ver si el Ministerio Público atiende su caso. Y para evitar mayores problemas, realizaron un intercambio de prisioneros con los maestros y los normalistas de Ayotzinapa.

Guerrero les pertenece. El gobierno tiene 11 órdenes de aprehensión en contra de maestros por motín, sedición, daños, ataques a las vías de comunicación y transporte, pero la orden de Miranda es que se congelen. Si una de estas órdenes se consigna, instruyeron desde Bucareli, el Ministerio Público no debe responder a la defensa, para que salgan libres. Desde la ciudad de México les siguen enviando recursos y plazas por fuera de la ley. Con Miranda como la figura visible, el gobierno está de rodillas.

Lo que quieren los maestros disidentes es que no haya reforma educativa en Guerrero, Oaxaca y Chiapas. El gobierno federal dice que eso no sucederá, pero su palabra no tiene legitimidad ni credibilidad. Hobbes escribió que el fin del Estado es la seguridad. Los pactos que no descansan en la espada, apuntó hace casi cuatro siglos, no son más que palabras sin fuerza para proteger al hombre de modo alguno.

El gobierno de Peña Nieto está en una contradicción. No quieren emplear la fuerza porque carecen de legitimidad para hacerlo y porque, objetivamente hablando, en las condiciones actuales, sería más grave utilizarla, porque lo que han perdido es la credibilidad política y, en el mundo, respetabilidad. Pero al mismo tiempo, el desorden, la claudicación ante los maestros y las imágenes de violencia, siguen desacreditándolo.

¿Cómo resolver esta crisis que lo ahoga? Una alternativa es entregarle a la disidencia magisterial la reforma educativa en esos tres estados durante un periodo de transición de algunos años, y seguirles llenando las arcas de dinero y privilegios. ¿Sería reconocer la derrota ante la CNTE? No. Sería formalizarla, porque vencido ya está. Así recortarían sus pérdidas y, quizá, lograr que las imágenes de violencia desaparezcan ya de los ojos de todos. Cuando no hay gobierno ni aplicación de la ley constitucional, predomina la de la selva. Guerrero es la prueba.

Twitter: @rivapa