Opinión

Guerrero, gobiernos que no dan una

  
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Héctor Astullido, gobernador de Guerrero. (Especial)

Hace 20 días el fiscal de Guerrero, Xavier Olea, le dijo a Carlos Loret de Mola que Acapulco era tan seguro como Suiza. Ese Acapulco suizo se compone por “la parte de la Costera, la parte baja de Acapulco, todo Punta Diamante”. Ese tramo, aseguró, “es un 99.9 por ciento seguro”.

¿Por qué será que demasiados funcionarios sucumben a la tentación de intentar ocultar el sol acapulqueño con un dedo?

En Acapulco, según un recuento del diario El Sur, en 2016 van la friolera de 572 homicidios dolosos (http://bit.ly/2a6kVKI). Otro reporte, este de EL FINANCIERO, cifra en 910 el promedio anual de asesinatos en el puerto desde 2011 (http://bit.ly/2alGNpH).

Sólo por si andaban con el pendiente de cuán deschavetada es la declaración del fiscal: en 2014 en Suiza hubo 41 asesinatos, y la tasa anual de asesinatos es de uno por cada 100 mil habitantes (http://datos.bancomundial.org/indicador/VC.IHR.PSRC.P5). En Acapulco, con 810 mil habitantes, la tasa andaría como en 112 muertos por cada 100 mil acapulqueños.

Claro, el fiscal dirá que él hablaba del Acapulco turístico, el de la Costera, tradicional avenida que lleva a la playa Dominguillo, donde el 9 de julio ejecutaron a una pareja en una palapa, misma Costera que el 7 de junio vio morir a balazos a dos taxistas… y el recuento podría seguir porque Acapulco es un baño de sangre, como lo es Guerrero todo.

Al asumir el puesto en diciembre, Olea pidió a la ciudadanía un año para bajar en 80 por ciento por ciento los delitos. Habría sido más realista prometer que aprendería a tirarse clavados en La Quebrada.

Lo que sí tenemos que agradecerle a Olea es cierta honestidad sobre cómo están y son las cosas en las procuradurías.

El 28 de diciembre declaró a los medios que había recibido “una Fiscalía colapsada, aquí cayó la bomba atómica, realmente la bomba atómica, la administración anterior no se preocupó por el presupuesto; sin embargo, con lo que tengamos haremos maravillas”.

En marzo dijo a empresarios que su Fiscalía era la cueva de Alí Babá y que en la PGR hay ratotas. Así lo publicó el diario El Sur: “La Procuraduría (ahora Fiscalía) es la cueva de Alí Babá y es cierto, no lo niego”, argumentó que él ha litigado desde los 20 años y ahora tiene 63 “y siempre doy lana, la verdad”.

Luego señaló que en la Procuraduría General de la República (PGR) “no son ratas, son ratotas”.

Pero en eso de las declaraciones estrambóticas Olea no está solo. Su jefe, el gobernador (es un decir) Héctor Astudillo, hizo ayer lo propio. México amaneció sacudido por la noticia de que habían asesinado a un alcalde que estaba amenazado (el de Pungarabato) y el mandatario estatal culpó al edil.

“Llama la atención, subrayo, que haya realizado el viaje en donde perdió la vida, a sabiendas de que había sido reiteradamente amenazado, como él mismo lo señaló, por un grupo delictivo y que dicho viaje lo haya hecho en horario inconveniente y en una zona de alta peligrosidad” (nota de Reforma.com). El que se hace llamar gobernador manda decir: no salgan, no viajen, no confíen en que hay gobierno, pues.

Para completar la desgracia guerrerense sólo falta consignar que el secretario Miguel Ángel Osorio Chong estuvo ahí en la semana, en su cuarta visita del año a esa entidad. Fue a una de esas reuniones mensuales de coordinación que se supone que bajarían la criminalidad, esa que en homicidios va 15.4 por ciento arriba que el año pasado.

Guerrero, donde desde el fiscal hasta el estratega en jefe no dan una.

Twitter: @SalCamarena

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