Opinión

Guerra institucional

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Así defendía Escobar al PVEM

Durante el fin de semana el PRI y su subordinado, el Partido Verde, contraatacaron al fiscal de FEPADE. Después de mucho buscar, me imagino, encontraron que Santiago Nieto no especificó en su reseña de vida que había sido asesor de la fracción parlamentaria del PRD en el Senado, sino sólo que había trabajado en esa Cámara. De ahí, los partidos mencionados construyen un argumento para descalificar al fiscal y con ello defender, también me imagino, al señor Arturo Escobar, hasta hace unos días subsecretario de prevención del delito en Gobernación.

Es frase conocida que para ser político hay que aprender a tragar sapos, pero el sapote de referencia es intragable para cualquiera con un poco de decencia. Entiendo la alianza del PRI-Verde, y entiendo que este segundo partido aporta tal vez 7.0 por ciento de los votos a nivel nacional, pero andar espulgando el pasado del señor Nieto para encontrar esa minucia, y con ello atacarlo personalmente para embarrar a la institución y defender al señor que cargaba más de un millón de pesos en efectivo, el que mantuvo al PVEM actuando en el margen de la ley (y más allá), el que repartió tarjetas de débito para comprar votos, el más destacado representante de un partido que inventó 300 mil votos en Chiapas en junio pasado, supera cualquier límite moral y ético. No hay más.

Si el señor fiscal Nieto tiene preferencias por el PRD, muy su asunto. Aquí lo relevante es si la acusación contra Escobar se sostiene o no. Si no se sostiene, el PRI no necesita los desfiguros que ha hecho. Si, por el contrario, se comprueba que de tanto jugar en el margen, finalmente el Verde cayó del lado equivocado, muy mal haría el PRI en desentenderse. De por sí tienen la fama de corrupción que les heredó el viejo régimen, y que no ha mejorado con las casas y los contratos.

En cualquier país medianamente civilizado, el flujo judicial habría sido respaldado por todos. Acá no. Y eso es lo que a mí me parece más grave: en verdad no tenemos la base mínima para construir un Estado de derecho, si no le es posible a tan destacados políticos entender la diferencia entre una alianza, un ataque ad hominem, un proceso judicial, y la defensa de un delincuente.

Pero esto no es un hecho aislado. En el DF, el señor Edgar Elías Azar ha sido reelegido como presidente del Tribunal Superior de Justicia, por tercera ocasión. Al respecto, argumentan algunos que eso no está permitido por la Constitución, y se han levantado recursos en contra de su toma de posesión, que debe ocurrir en enero. Ignoro quién tenga razón, pero lo que me interesa hacer notar es que muy rara vez tenemos alguna noticia de lo que ocurre en un Tribunal Superior de Justicia, de los 32 que hay, uno en cada estado, y que en la mayoría de ellos es controlado por alguna familia que desde hace décadas se instaló en él.

No me queda claro cómo podríamos construir un verdadero Estado de derecho si no es fortaleciendo instituciones. Si los partidos van a destruir a la FEPADE como ya han debilitado al INE, o si los tribunales van a ser conocidos sólo cuando ocurra un pleito entre magistrados y el resto del tiempo van a actuar en opacidad absoluta, no vamos a avanzar jamás.

Parafraseo la frase que Joseph Welch (abogado del Ejército estadounidense) espetó a Joe McCarty en aquellas audiencias para cazar brujas: “¿No tienen sentido de la decencia? ¿Después de todo, no les queda sentido de la decencia?”

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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