Opinión

Guardería ABC: muerte sin fin

Tres niños de seis, cuatro y tres años de edad murieron esta semana en un incendio en la colonia Santa María de las Torres, en Cuautitlán Izcalli. No es exagerado pensar que esta tragedia podría ser una de las infaustas consecuencias de nuestro fracaso colectivo luego del incendio hace cinco años en la Guardería ABC del IMSS en Hermosillo, Sonora, donde fallecieron 49 infantes y más de 70 quedaron con secuelas.

La niños mexiquenses muertos el lunes estaban encerrados. Las crónicas reportan que la madre había salido. Si bien las causas del incendio no han sido esclarecidas, resulta obligado cuestionarnos hasta dónde casos como el de Cuautitlán ocurren porque ni sociedad ni gobierno supimos procesar debidamente la más grande tragedia infantil en la historia de México.

Es una triste paradoja que Felipe Calderón, el presidente que inició su sexenio lanzando un programa de estancias infantiles a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social, de las cuales instalaría más de 9 mil, haya sido incapaz de convertir la tragedia de Hermosillo en un hecho del que todos sacáramos lecciones.

En vez de ello, el mandatario que quería precisamente dotar de más estancias para que las madres no dejaran a sus hijos solos cuando tenían que trabajar o resolver algún trámite, envió a su secretario de Gobernación a la Suprema Corte a abogar para que los ministros no hicieran que rodaran cabezas del más alto nivel por el caso ABC. Ese, y no las estancias infantiles, es su legado: haber contribuido a un modelo donde el juego consiste en esquivar las responsabilidades, así esté de por medio la justicia para medio centenar de preescolares.

Pero la infamia no fue sólo de Calderón, ¡qué va! Nunca entendí el trueque que hizo Juan Molinar Horcasitas: luego de la tragedia, el hoy destacado miembro de la jerarquía panista calculó que era una mejor apuesta el arrastrar la ignominia de año con año, al acercarse junio, ser señalado como alguien que no supo estar a la altura del triste momento, en vez de haber tenido un día de vergüenza y haber renunciado al gobierno apenas ocurrió el incendio.

En lo del trueque ruin, a los nombres de Molinar y Carla Rochín, exdirectora de guarderías del Seguro Social, debemos sumar los de Eduardo Bours, exgobernador; Daniel Karam, director del IMSS cuando ocurrió el incendio, y los de los hoy senadores Ernesto Gándara y Claudia Pavlovich Arellano (expresidente municipal y exdiputada sonorenses). Todos ellos, de una forma u otra, incidieron para que los muertos del 5 de junio no tengan, al día de hoy, justicia. Es el colmo, los dos senadores creen que podrán competir por la candidatura para el gobierno de su estado. Cinismo es una palabra demasiado suave para aplicarla en ellos. Un nombre más: Guillermo Padrés, gobernador que llegó al cargo aupado por la tragedia, pero que desde el primer momento traicionó a las familias de las víctimas.

Qué equivocada está la clase política cuando cree que solapándose, bajo la ley no escrita de hoy por ti mañana por mí, salva el pellejo. Nada más lejano a ello, pues todos terminan siendo cómplices, cómplices en este caso de la impunidad en las muertes del 5 de junio, impunidad que de alguna manera deriva en otras tragedias, como la de esta semana en Edomex. Sin aprendizaje, sin justicia, hay muerte sin fin.