Opinión

'Graduación', la obra maestra de Cristian Mungiu

  
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Graduación

Bienvenidos a Rumania, un país donde el dinero aceita cualquier trámite, la movilidad social es una quimera, el abuso sexual rutina y sólo las palancas consiguen lo que uno necesita. Para nosotros los mexicanos, el pueblo donde se desarrolla Graduación, dirigida por Cristian Mungiu, resulta extrañamente familiar: la medicina perfecta para recordar que nuestros problemas no son exclusivos.

Romeo (Adrian Titieni), un doctor serio y reservado, lleva a Eliza (Maria-Victoria Dragus), su hija adolescente, a la preparatoria. Ambos viven en un lugar donde no hay un edificio que no clame por una remozada. Conforme platican entendemos que sólo si ella mantiene su promedio escolar tendrá la beca necesaria para dejar ese pueblo y radicar en Inglaterra. El destino entusiasma al padre, decepcionado de Rumania, pero inquieta a Eliza, quien –como la mayoría de la gente que la rodea– se resiste al cambio. Momentos más tarde, en casa de su amante Sandra (Malina Manovici), Romeo recibe una llamada. Un hombre no identificado abusó de su hija afuera del colegio. La conmoción del incidente pondrá en jaque la mudanza de Eliza, así como los valores del padre, orillado a buscar soluciones que van a contracorriente de la honestidad que lo caracteriza.

Mungiu dota a la película de una engañosa sencillez: como la cámara permite que las escenas se desarrollen sin cortes, es fácil pensar que no hay detalle que pueda escapársenos. Sin embargo, Graduación está repleta de sutiles y asombrosas revelaciones, ocultas en un entramado cuya sofisticación sólo puede lograr un escritor y director del más alto calibre. No hay un hilo o instante superfluo. Todo abre un misterio o finalmente cobra relevancia, desde una piedra que rompe la ventana de Romeo, un niño que siempre trae puesta una máscara, hasta la presencia tangencial de perros callejeros.

El estilo pictórico de Mungiu también deja brillar a su elenco. Titieni, en particular, ofrece una actuación magistral como una figura ambigua y abierta a distintas interpretaciones, como la propia película. Habrá quien mire a Romeo a través de un tamiz moralista más que pragmático: un hombre que va hasta donde su conciencia y sus limitados recursos le permiten para sacar adelante a su hija. Lo frustrante es que sus adversarios sean sus propios familiares. Cubetas de cangrejos hay en todos lados.

Por terrible que parezca, el destino de nuestros hijos no está en nuestras manos. Con corazón pero también con cabeza fría, Mungiu aborda este y otros dilemas –la impunidad, el conformismo y los prejuicios de quienes creen que sólo se es bueno cuando se es santo. Sobria, madura y estremecedora, Graduación no sólo es la mejor película que ha dirigido Mungiu: es la mejor que se ha estrenado en México este año.

Twitter: @dkrauze156

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