Opinión

Golpe al hígado
del WEF a Peña

Qué manera tan fea ayer la de aguar la fiesta al presidente Enrique Peña Nieto de parte del Foro Económico Mundial (WEF) al informar que nuestro país cayó seis lugares en el Índice de Competitividad Global, uno de los indicadores clave que sigue la comunidad de negocios internacional para decidir inversiones y evaluar economías.

No importó que en semanas recientes tanto la OCDE como el Fondo Monetario celebraran que México constituye un caso atípicamente positivo por haber materializado tantas reformas a pesar de no atravesar una crisis –algo que la propia Christine Lagarde acentuó en su reciente visita–. De todas formas caímos de la posición 55 a la 61. Es más, en 2012 estábamos en la posición 53.

Pero, ¿cuáles son los factores que afectaron más negativamente la posición relativa de México en esta ocasión? En mi opinión, hay tres elementos clave para comprender el desplome. En primer lugar, las ineficiencias del mercado laboral. El WEF recoge muy bien la realidad laboral del país al situarnos casi al final de la tabla, en la posición 121 en esa materia. Hay factores como la participación de la mujer en la fuerza laboral, en el que estamos en el lugar 120 del mundo. Otros factores incluyen los desincentivos al mercado laboral derivados de la política fiscal; la bajísima capacidad que tenemos para atraer talento calificado y la inflexibilidad en la determinación de los salarios.

Un segundo elemento que influye negativamente y nos arroja al precipicio son las instituciones. Es terrible observar en el reporte liberado ayer que estamos en el lugar 140 del mundo en cuanto a “crimen organizado” se refiere, o en el 128 cuando se habla de confiabilidad de la policía. Asimismo, el reactivo “confianza en los políticos” nos deja en la posición 114 a nivel global... Es una tragedia que quizá podría empezar a ser corregida tras lo que dijo el presidente Peña ayer en relación a la necesidad de un cambio de “cultura”.

El tercer elemento grave, en mi opinión, es el desarrollo de los servicios financieros. El WEF nos calificó en la posición 107 en cuanto a “facilidad para obtener préstamos”, y en el 106 en cuanto a los costos de los servicios financieros. Es algo que la reforma financiera (que no requería legislación secundaria) debió corregir desde su aprobación el año pasado, lo que no ha ocurrido si miramos estos datos.

El presidente ha atinado al acentuar ayer proyectos que detonarán crecimiento, como el nuevo aeropuerto de la capital o las extensiones a las líneas del metro. Pero parece que tendrá que redoblar esfuerzos para que la percepción internacional permita no sólo el regreso, sino un brinco sustancial de nuestra posición relativa en este tipo de índices.