Opinión

Gobierno y bienestar

La economía está a punto de entrar en una fase de crecimiento ligeramente más elevado que lo observado en los últimos 18 meses y debido a la aprobación de reformas y la euforia que esto ha causado, sobre todo en el exterior, es posible que la reforma fiscal y sus efectos pasen a ese cajón de la memoria, llamado el del olvido. ¿Ha habido efectos derivados de la reforma? Naturalmente que sí debe haber, la cuestión es indagar a quien se le ha cargado la mano y si ha habido ganadores, que es poco probable, en cuyo caso lo más razonable es esperar que haya un peso muerto en términos del excedente de los consumidores, su bienestar y posiblemente una subutilización, o mala utilización de los recursos por parte de las empresas y ni qué decir del gobierno.

Para empezar, los planteamientos y análisis de la economía parten de un equilibrio competitivo, definido este como un punto en el que las empresas producen en condiciones de competencia y uso eficiente de recursos, sin nadie que tome provecho de situaciones especiales de mercado, fallas de información y sin externalidades, y los consumidores han alcanzado los puntos máximos de negociación en sus curvas de contrato, en donde maximizan su utilidad y bienestar. Dado este punto, no es posible mejorar a alguien sin perjudicar a nadie más; pero es en esta situación en donde viene el gobierno y toma recursos de los diferentes agentes económicos en la forma de imp0uestos, derechos y otros cobros, que distorsionan las decisiones de producir, consumir, trabajar y ahorrar, lo que puede llevar a una subutilización de los recursos de la economía, o a una asignación irracional de los mismos.

Por su parte, el gobierno actúa bajo la idea de que puede incidir sobre la distribución del ingreso y la equidad, cobrando a los que él opina que más tienen y gastando en quienes piensa que más necesitan. Rara vez se cumple estas premisas y como con cada cambio de gobierno normalmente llegan personajes cargados de ideologías nuevas, sin experiencia en el diseño de política económica y a veces sin sentido común y ganas de aplicarse por su sociedad, lo que hacen es entorpecer más las condiciones en que vive la gente, complicar el funcionamiento de la economía y se relaciona con el resto del mundo. Pero de esto el gobierno es el último en darse cuenta, normalmente son los tecnócratas quienes empiezan por hacer reclamos tenues sobre algunos aspectos y rara vez se llega a un punto en el que se escuche la protesta en serio.

Los impuestos al ingreso desincentivan el esfuerzo y mientras más elevada es la tasa que se cobra, menos existe interés por trabajar, ando incentivos para que aparezca la economía informal. Si a esto añadimos que de los salarios se cobran ciertas cuotas para seguridad y previsión social, que rara vez corresponden en calidad y oportunidad a lo que los consumidores esperan a cambio de sus recursos, podemos imaginar el grado de enojo en que vive la gente y lo que pierde de bienestar por los impuestos. Aparte son muy pocos los trabajadores que pagan, por las condiciones paupérrimas del mercado laboral y de la economía, que ha llevado a los salarios a un nivel muy bajo de poder adquisitivo, por lo que se decide dejar que muchos no paguen. Esto es claramente injusto y por eso se dice que es mejor sustituir el impuesto al ingreso por uno al gasto, que podría ser menos injusto, pero que los populistas lo ven como el diablo. ¿Hay efectos de la reforma? Sí y ni hablar de los cambios en el consumo debidos a los impuestos especiales sobre producción de muchos bienes, que causan una pérdida de peso muerto en el excedente de los consumidores. Esto y la parte de las empresas, la discutiremos luego.

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