Opinión

¿Gobernar o detener
a AMLO?

  
1
 

 

AMLO

Al presidente Enrique Peña Nieto se le acabó el sexenio. Ya no podrá promover nuevas reformas, ni implementar grandes proyectos sociales.

En lo que resta del sexenio, cada decisión del gobierno federal estará enfocada a seleccionar al candidato del PRI y fortalecer su candidatura.

Pero es demasiado tarde, ya que al presidente Enrique Peña Nieto, literalmente, se le acabó el tiempo para detener a Andrés Manuel López Obrador y a su partido, Morena.

Cada día que pasa incrementan las posibilidades de que AMLO sea presidente en 2018 debido, en gran parte, a los errores y la guerra entre el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el ahora titular de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray.

Por buscar la candidatura, ellos y el PRI quedaron como el perro de las dos tortas. Además de que Andrés Manuel lleva casi 20 años haciendo campaña, está la escisión no sólo del PRI, sino también la del PAN y la del PRD.

Las guerras intestinas no permitirán a los partidos seleccionar un candidato o candidata que ofrezca unidad y que tenga la posibilidad de ganarle a López Obrador.

A pesar de ser todavía el presidente, parece que a Peña le queda poca capacidad, así como a su equipo cercano, de defenderse de acusaciones por actos de corrupción que seguramente surgirán en los siguientes meses ante su debilidad y también para golpear al candidato priista, sin importar quién sea.

Podríamos decir que la presidencia está por entrar en una fase de crisis, y si va a cambiar el rumbo de su gobierno, tendría en algunas semanas que anunciar e implementar su nueva estrategia de gobernabilidad, que guiará el resto de su sexenio y que definirá su legado político e histórico.

Ante la realidad de que varios de sus secretarios aspiran a ser el candidato a la presidencia, esta sería la oportunidad de enviar un mensaje de cómo busca gobernar lo que queda el resto del sexenio.

Si el presidente decide no anunciar ningún cambio en estos días, hacer anuncios intrascendentes o nombramientos irrelevantes, esto también deberá de entenderse como una decisión de Estado: el presidente no está reconociendo que es un mandatario en crisis.

Hace dos años en este espacio señalé que el problema de que el presidente no tome decisiones que permitan un cambio de rumbo es que él y México se encontrarán en la peor de las situaciones: un país que rápidamente continúa ‘desordenándose’ debido a la guerra intestina entre los posibles candidatos a la presidencia (no sólo del PRI, sino de todos los partidos) y un presidente que continuará con el índice de aprobación más bajo de la historia, impactando su credibilidad y su capacidad de gobernar, especialmente si surge una crisis extraordinaria en el país.

Ahora que se le acabó el sexenio a Enrique Peña, ¿qué opciones tiene un presidente en crisis? Generalmente hay poco margen si se está en la antesala de que termine la administración, pero sí se pueden tomar decisiones que protejan el legado histórico y, en el caso del presidente Peña, aseguren la viabilidad de las elecciones de 2018 –que de por sí ya están en entredicho por la poca credibilidad del INE.

El primer paso es nombrar secretarios o secretarias que tengan credibilidad e integridad, y que su nombramiento no esté vinculado con darle ventajas y fortalecer al candidato del PRI.

Otro paso importante sería que el presidente Peña Nieto nombrara secretarios, asesores técnicos y conocedores de los temas que más preocupan a los mexicanos: seguridad, empleo y combate a la corrupción. Además de nombrar extraordinarios secretarios y, ojalá, secretarias, hay que hacerles caso.

La prioridad debería de ser adelantar y asegurar la implementación de las reformas estructurales –sobre todo las reformas educativa y energética–; promover la implementación de las reformas en el sector seguridad –mando único–; y asegurar la completa implementación del Sistema Nacional Anticorrupción.

En este último rubro, asegurar que, con respeto al Estado de derecho, se condene a todos los gobernadores que en este momento están siendo investigados y procesados por corrupción y lavado de dinero.

Qué mejor forma de vacunarse en contra de las acusaciones de corrupción, que atacar a los corruptos.

Lo difícil para el presidente, ya para darle algo de viabilidad al abanderado priista, es que tendrá que reconocer cuáles han sido sus errores. Porque si el presidente no hace este reconocimiento, todos los candidatos señalarán cuáles han sido sus errores –incluyendo el priista–, volviendo aún más difícil la tarea de gobernar en este último año de Enrique Peña Nieto.

Opine usted:
www.anamariasalazar.com

Twitter:
@Amsalazar

También te puede interesar:
¡Coup d’État!, o el idiota útil
Quién le dirá al emperador que está desnudo
Rescatando a Peña