Opinión

Gobernadores en acción (letal)

   
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José Calzada, gobernador del estado de Querétaro

Las batallas ocultas, pero enconadas en las elecciones intermedias de este domingo, fueron de cuello blanco. La ejercieron los gobernadores, que en las semanas previas a las elecciones desplegaron sus recursos y operadores para conseguir sus objetivos. En las vísperas, en aquellos puntos donde pensaron podrían perder, utilizaron todo tipo de artimañas para desacreditar adversarios o judicializar el proceso. Los resultados fueron mixtos, y aunque hubo maquinarias políticas de gobernadores muy activos que tuvieron éxito, no se reflejó, paradójicamente, en sus estados.

La operación más importante la reveló el viernes el gobernador José Calzada, de Querétaro, quien escribió en Twitter: “El respeto al estado ajeno es la paz”. Al término arrobó a Guillermo Padrés, el gobernador de Sonora. El parafraseo de Benito Juárez fue una advertencia a su colega Padrés, quien desplegó operadores políticos para ayudar en la campaña de Francisco Domínguez para la gubernatura. Calzada buscó evitar al máximo el apoyo. En la víspera de la elección ordenó la detención de Francisco Bueno Ayup, coordinador de capacitación de representantes de casilla y defensa del voto del PAN en el estado, después de sostener una reunión con militantes en San Juan del Río.

Bueno Ayup fue director general de Bebidas Alcohólicas del gobierno de Sonora, y cuando fue utilizado como pretexto para comenzar a hablar de la corrupción en la gestión de Padrés, su mentor y protector lo removió de la administración. En esta elección Padrés, uno de los mejores operadores electorales del PAN, y autor de las victorias en Baja California Sur, lo envió a operar en Querétaro. Padrés, que perdió Sonora, ganó en Querétaro, aunque no fue el único gobernador panista metido en esa elección.

Calzada podría haber arrobado también al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, que sumó fuerzas con dineros y operadores para sacar la elección de Domínguez, en una reunificación de los viejos aliados del protector del candidato, el finado Juan Camilo Mouriño. El gobernador de Puebla extendió sus tentáculos. Intervino con apoyo financiero en la campaña de Jaime Rodríguez, El Bronco, en Nuevo León, luego que su candidata, Margarita Arellanes, fue desplazada por el presidente del PAN, Gustavo Madero, de la candidatura.

Los panistas se enfrentaron en Nuevo León, luego de que un aliado de Moreno Valle, el senador poblano Javier Lozano, pidió abiertamente al candidato del PAN, Felipe de Jesús Cantú, que declinara a favor de El Bronco. Cantú perdió y El Bronco ya es historia. Padrés y Moreno Valle son los panistas más activos, pero no los únicos gobernadores en acción.

Calzada tenía como encargo ayudar en la campaña del candidato del PRI al gobierno de San Luis Potosí, pero la dificultad que enfrentó su candidato en Querétaro le impidió mover recursos a otro estado. Pero quien sí utilizó sus recursos políticos fue su colega priista, Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, quien lanzó una cruzada desesperada para descarrilar a los candidatos del PAN e impedir que recuperaran el cinturón azul al poniente de la ciudad de México, y le arrebatara Ecatepec, su tierra adoptiva, y el municipio de mayor peso electoral en el país.

El gobernador Ávila no podía dar malos resultados al presidente Enrique Peña Nieto, ni fracasar en la estación intermedia de sus aspiraciones presidenciales en 2018. Por eso, en los últimos días arremetió contra varios candidatos panistas a presidencias municipales. En Ecatepec hubo una embestida de una veintena de espectaculares en contra del aspirante a alcalde Joel Santana, donde aparecía semidesnudo con varias mujeres. No se sabe oficialmente quién pagó o colocó los espectaculares, que se convirtieron en un vehículo de difamación política con orígenes disfrazados para que no se siguiera la pista al PRI o al gobierno mexiquense. Ahí, ganó el PRI.

La misma técnica de espectaculares se aplicó a Enrique Vargas, candidato a presidente municipal de Huixquilucan, el municipio del llamado grupo de los Golden Boys de donde salió el presidente Peña Nieto, donde apareció su fotografía con cuernos en la cabeza. Quien hizo el juego fue la calderonista cristiana Rosi Orozco, una activista contra la trata, que presentó una demanda en su contra por un tema de violencia intrafamiliar cuatro días antes de la elección, aunque el tema se ventiló públicamente hace una década.

No pudieron finalmente con Vargas, que le quitó Huixquilucan a los Golden Boys. En Atizapán, manos opacas plantaron el viernes en la prensa una investigación de la procuraduría estatal en contra de Gonzalo Alarcón, por un presunto desvío de 50 millones de pesos. Alarcón fue alcalde de Atizapán en la administración 2006-2009, y su caso se denunció en 2008 y se investigó en 2010. El PAN, de cualquier forma, ganó la alcaldía. Naucalpan, fue otro terreno de contienda ruda.

Un excandidato independiente, Allan Christian Meza, denunció el 3 de junio al candidato del PAN a la alcaldía, Enrique Olvera, de enriquecimiento inexplicable y recursos de procedencia oscura, luego de que, dijo, descubrió en internet fotografías de su casa y una boleta de catastro –que no están normalmente en la red–, mediante lo cual hizo un avalúo comercial y determinó que la propiedad vale 45 millones de pesos. Al día siguiente, se tapizó Naucalpan con fotografías aéreas de la casa de marras. Inútil, Olvera también ganó la alcaldía.

Los gobernadores operaron abiertamente y se podría alegar que incurrieron algunos en delitos de cuello blanco. Éstos no se ven, no se castigan. Quedarán impunes, como tantas otras violaciones electorales este 7 de junio.

Twitter: @rivapa

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