Opinión

Gobernadores
afortunados

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José Murat, exgobernador de Oaxaca. (Archivo/Cuartoscuro)

Como usted ya habrá visto, el New York Times (NYT) ha realizado una investigación acerca del mercado inmobiliario en Manhattan, y ha descubierto que fluye mucho dinero del extranjero. La investigación les ha permitido identificar algunas personas, aunque buena parte de las compras ocurren mediante empresas inmobiliarias que sirven de cobertura y hacen muy complicado encontrar el dinero. Sin embargo, entre las personas que lograron descubrir aparece José Murat, exgobernador de Oaxaca, acerca de quien escribirán con detalle este miércoles, según han dicho.

Ya veremos cuántas propiedades y de qué valor le encontró el NYT al señor Murat, pero de entrada sabemos que no pudo haberlas pagado con su sueldo de gobernador. Varía mucho la remuneración de los funcionarios, pero en general podemos estimar que sus ingresos totales en un sexenio rondan los 10 o 12 millones de pesos. Nada mal comparado con el ingreso promedio nacional, pero no es una fortuna. Si descontamos los gastos elementales que deben hacerse durante esos seis años, sería muy difícil que algún gobernador ahorrase en su sexenio más de 5 millones de pesos, que son hoy poco más de 300 mil dólares. Con eso no se compra uno nada en Manhattan. Sí puede uno comprar un departamento en San Antonio o Houston, pero moderado.

Es posible que el señor Murat haya obtenido su fortuna en otras actividades, pero seguramente no proviene de su sueldo de gobernador. Pero él es hoy centro de este análisis porque el NYT afirma que ha encontrado un puñado de propiedades a su nombre. Eso ya se verá. Lo que es importante es hacer énfasis en que es raro que uno encuentre un gobernador cuya fortuna consista en esos 5 millones de pesos a los que me refería. Los que tienen poco cuentan al menos un par de ranchos, un puñado de casas o departamentos en ciudades de México, y al menos un par de propiedades fuera del país. No les faltan acciones de empresas que les permiten financiar un equipo de personas que los siguen acompañando en sus labores diarias.

En México no tenemos control alguno de los gobernadores. Pueden hacerse multimillonarios mediante tráfico de influencias, el hoy famoso conflicto de intereses, o pura y llana corrupción. Y nadie les dice nada. Si recuerda usted los ejemplos que daba ayer, todos son de gobernadores: las propiedades que critican de Peña Nieto (y Videgaray) vienen de su época en el Estado de México; las acusaciones a Ebrard y Delgado de cuando estaban en el Distrito Federal, y lo mismo la historia ya más antigua de AMLO.

Mientras no controlemos a los gobernadores, va a ser poco lo que logremos en materia de corrupción. Y para controlarlos, insisto en que se requiere un esfuerzo nacional. En lo local, nadie tiene cómo enfrentar a un gobernador, que controla al Congreso local, al Tribunal, a los órganos de Transparencia, Derechos Humanos, Electoral, a la prensa, e incluso a las asociaciones sociales: sindicatos, empresarios, centrales campesinas, la universidad del estado. Es el autoritarismo que vivió el país entero en el siglo XX, ahora limitado a cada entidad federativa. Algunos sólo saquean el estado, como en Coahuila o Quintana Roo, otros lo derrumban, como Michoacán, Veracruz, Oaxaca, o en el extremo, Guerrero.

Hay que frenarlos.

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