Opinión

"Girls", un argumento a favor de la diversidad

 
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Girls.

Entiendo que la figura de Lena Dunham, creadora de la serie Girls, levante ámpula. La fama, el genio creativo y el éxito precoz generan sospecha. A los 25 años Dunham ya tenía una serie en HBO, apadrinada por Judd Apatow, el entonces rey Midas de la comedia estadounidense. El público no tardó en tachar a la joven de racista (por no incluir más personajes de color en la serie), fruto del nepotismo (sus padres son artistas de renombre) y exhibicionista. No sé si Dunham se merezca estos calificativos y, francamente, no me importa. Girls, su proyecto personal, es un argumento a favor de la diversidad, delante y detrás de cámaras: una serie irreverente, teñida de una sensibilidad femenina que, en su quinta temporada, disponible en iTunes, alcanza su punto más alto hasta ahora.

Girls está escrita con una admirable consonancia de estilo. Sus diálogos abrevan de la sesuda e intensa expresividad que años antes caracterizaba a culebrones como Dawson’s Creek y The O.C., pero imbuidos de humor cáustico, de narcisismo millennial, incluso de cierto poder lírico: el magnético Adam Driver es capaz de declamar y gruñir al mismo tiempo. Si bien a veces las situaciones se inclinan demasiado hacia el absurdo –una mujer que insiste en dar a luz en una tina cochambrosa, peripecias que involucran un camión, sexo oral y un choque–, mayormente se mantienen en una línea que colinda con la inverosimilitud, pero toca situaciones identificables para cualquiera que se haya extraviado durante sus 20: matrimonios impulsivos, frustraciones laborales y amores destructivos. A diferencia de los sitcoms color de rosa (Friends, How I Met Your Mother), en los que la alegría en pareja y el trabajo soñado siempre llegan (como si fueran un hecho seguro para el mundo entero), en Girls los personajes se alejan de su mejor destino a medida que crecen. Su disposición pesimista es el antídoto contra la ridícula opulencia de las últimas temporadas y las películas de Sex and the City.

Hannah, el personaje que interpreta Dunham, está más perdida en la quinta que en la primera temporada. El resto del elenco crea el retrato más fiel que he visto de la egolatría millennial: la piel delgada, la aversión a la crítica, la certeza de que el mundo está en deuda con nosotros, con nuestro talento y esfuerzo. Las epónimas chicas buscan atajos para la felicidad –vía una pareja, una mudanza o un cambio vocacional– y todas se topan con un muro. Detrás del Brooklyn luminoso que tiene como escenario, de sus diálogos chispeantes y sus coloridos títulos, Girls es la historia de un fracaso colectivo, una generación a la deriva.

Girls
Año: 2012-2015
Director: Lena Dunham
País: Estados Unidos
Productor: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner y Ilene S. Landress
Temporadas: 5
Canal: HBO

Ningún capítulo representa mejor esas virtudes que The Panic in Central Park, un nombre que juega con The Panic in Needle Park, una película protagonizada por Al Pacino sobre adictos a la heroína. Marnie, la chica fresa del grupo, se pelea con su marido y sale a caminar. En la calle se reencuentra con Charlie (Christopher Abbott), su antiguo novio, con el que se desata en una noche romántica, espontánea y, finalmente, patética. Sus ganas de cambiar de piel quedan reveladas en un momento, tan chusco como incómodo, dentro del lujoso hotel Plaza. A medida que el capítulo se acerca al desenlace, el tono de esperanza se disuelve en ambigüedad. La búsqueda de un escape sencillo falla de nuevo. Al final, una sentencia queda como epígrafe de la serie. “La vida te va a destrozar”.

El triste trayecto de Shoshanna por Tokio impugna el tono de fábula que Sofia Coppola estableció, con gran fanfarria, en Lost in Translation.

Esta desviación japonesa no es un capricho: Girls se enfrenta, dialoga y contrasta con otras visiones femeninas, desde Sex and the City hasta el cine de Coppola. En mi opinión, Dunham sale ganando. Valiente y perceptiva, Girls es un portento.

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