Opinión

'Get Out', fiel reflejo del Estados Unidos contemporáneo

 
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Get Out.

Rose Armitage (Allison Williams) invita a Chris (Daniel Kaluuya) a pasar el fin de semana en casa de sus padres. Mientras preparan maletas, Chris pregunta si la familia de su novia sabe que es afroamericano. Rose responde que no. "Pero no te preocupes", le dice. "No son racistas. Mi papá hubiera votado por Obama una tercera vez si hubiera podido”. Minutos más tarde los vemos llegar a la casa de campo: una propiedad inmensa, rodeada de bosque, a la orilla de un lago. Lo que empieza como una versión contemporánea de Guess Who’s Coming to Dinner, con algo de la cómica incomodidad de Meet the Parents, poco a poco se inclina hacia el horror, conforme entendemos lo que los Armitage –Dean (Bradley Whitford) y Missy (Catherine Keener), su esposa terapeuta– planean hacer con el galán de su hija.

Jordan Peele saltó a la fama gracias al programa Key and Peele, donde los mejores segmentos abordaban estereotipos raciales y de género, pegando parejo tanto a blancos como a negros, heterosexuales y gays.

La premisa fácilmente podría convertirse en un largo sketch –un joven afroamericano se ve amenazado por su familia política, más blanca que la audiencia en un concierto de Coldplay–, pero Peele logra que su ópera prima sea algo mucho más sofisticado. Audaz, mas nunca ridícula, al tanto de su carácter crítico sin caer en la ñoñería, Get Out funciona como una parábola sobre el racismo dizque inofensivo de los que dicen ser de mente abierta porque admiran a Tiger Woods y a Obama, pero también como una efectiva película de suspenso. El cine estadounidense reciente no ha visto un malabar más complicado.

La inteligencia va más allá de los diálogos y las excelentes actuaciones, en especial la de Kaluuya, quien interpreta a Chris como un tipo tristemente acostumbrado a que los white liberals lo traten como si fuera un unicornio. Al interior de la casa, el diseño de producción –y el vestuario de los sirvientes (todos negros)– nos remite a la década de los 50. Los sets contrastan con la verborrea progre de los Armitage y sus cuates, hablando de lo cool que son los afroamericanos mientras beben whisky en una mansión donde el tiempo parece haberse detenido en una época previa a los derechos civiles.

Quizá gracias a que es egresado del sketch comedy, un género en el que la cámara debe registrar la acción sin mayores movimientos, Peele resulta un cineasta contenido, recurriendo poco al close-up y a la edición abrupta, optando más bien por un estilo pausado que permite que las actuaciones respiren a cuadro.

Es un lugar común que los años difíciles traen consigo una mejor cosecha artística. Es cierto que en Estados Unidos los 70, esa década a la deriva posvietnam, vieron mejor cine que los asépticos 90, pero es demasiado cómodo afirmar que la diferencia de calidad tuvo sólo que ver con la atmósfera nacional. No obstante, el arte tiende a alimentarse de la vida real y es en ese sentido que Get Out es la primera gran película de la era Trump. Pesimista, violenta y mordaz, la ópera prima de Jordan Peele es reflejo fiel de un país dividido.

Twitter: @dkrauze156

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