Opinión

Gendarmería Nacional, a la mexicana

“Le he solicitado al Presidente de Francia su cooperación, la de su gobierno, para poder encontrar un diseño propio a la gendarmería nacional que he postulado (y que) deba tener México (...) Que (se) tenga en referencia la Gendarmería Nacional que históricamente ha existido aquí, en Francia”: EPN, octubre de 2012.

Un recurso fundamental que no puede desaprovecharse en las campañas electorales, es la utilización de los errores y deficiencias más destacadas de las administraciones previas, para la formulación del discurso y de la consecuente oferta política del suspirante a la gobernación. En esta elemental consideración, los hacedores de promesas de campaña se valen de todo sin reparar en consecuencias.

Como es natural, los promotores del candidato, en su momento, emplearon, implícita o explícitamente, como argumento, la grave crisis de seguridad que padecía y sigue padeciendo la nación entera, ofreciendo en consecuencia las soluciones “que el país necesita” a sus más sentidos problemas.

Indudablemente, la masa crítica en el sexenio calderonista se conformó en torno al factor violencia. El enemigo a vencer fue su generador: el crimen organizado y sus temibles representantes, los innumerables “más buscados” a los que se declaró una “guerra” sin cuartel y se dio caza inmisericorde, fracaso total cuyos patéticos resultados seguimos afrontando y dieron pie a las promesas de los contendientes en la sucesión.

El día 22 de agosto de 2014 se ha dado cumplimiento, tras azarosos y denodados esfuerzos, a una de las ofertas de campaña. Ese día ha nacido formalmente la Gendarmería Nacional. Venida de París, como todo infante que recién ve la luz, según la añeja tradición familiar y en concordancia con la declaración vertida por el entonces presidente electo mexicano ante su virtual homólogo francés en octubre de 2012, el nuevo cuerpo policiaco se suma a las tareas de seguridad del Estado Mexicano, con la esperanza de que traiga su torta bajo el brazo.

Pero el recién nacido no se parece mucho a la abuela francesa, ni al tío chileno, ni al italiano ni al español. En realidad no se parece a nadie, no se sabe si es de la familia. Tiene su propia personalidad, muy a la mexicana, se viste raro, no se conoce mucho de él, es un misterio. A ciencia cierta, en la familia no se sabe que ofrecerle, a que orientarlo, no tiene predestinación. Pero es novedoso, flexible y parece simpático.

A lo hecho…pecho. Por lo pronto, se ha determinado ofrecer al niño un hogar, un tutor que, aunque con serios cuestionamientos de honorabilidad, ciencia y ética, esperamos sabrá guiarlo por el camino correcto: la Policía Federal.

Se ha pensado, para no decepcionar al soberano, asignarle algunas tareas menores a fin de que no permanezca ocioso, aunque no muy bien definidas para no subyugarle. Se le ha vestido con ropajes diferentes pues es obligado que se distinga, se le ha alimentado, se le ha dado una cuantiosa dote con la finalidad de que no padezca penurias, ha recibido sus primeras lecciones, se le ha presentado en sociedad, con honores y protocolos.

Ya se irá viendo cuál es su vocación según madure y veremos la longevidad que le aguarde, pues a sus filiales predecesoras (la Policía Federal Preventiva y la Agencia Federal de Investigación) no ha tocado sana suerte, ni en fama ni en fortuna. Ambas a corta edad, en similares circunstancias y aún con más sólidas herramientas, han sucumbido, sin arribar acaso a la adolescencia, a manos de sus mismos progenitores en canibalísticos y políticos rituales.

Quiera Dios que a esta aventura acompañen santos vientos, por el bien del recién nacido y de sus destinatarios.

Analista político, coordinador de la Lic. en Inteligencia de la Universidad Anáhuac Norte.

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