Opinión

Gasto y crecimiento:
cómo empezamos

Después de la primera fase de aprobación de las reformas estructurales –faltan los detalles, pero el primer paso era imprescindible--, la preocupación vuelve a ser la coyuntura, en particular, el crecimiento de la economía en 2014, que dependerá de la oportunidad, eficacia e impacto del gasto público. Justificando una estrategia anticíclica, el gobierno se autoimpuso la responsabilidad de que la economía crezca en este año.

La evolución de las finanzas públicas a enero señala que, al menos en el papel de las estadísticas oficiales, el Gobierno Federal está haciendo su trabajo: el gasto neto total pagado aumentó 19.8 por ciento en términos reales; el gasto corriente 15.5 por ciento; la inversión pública 38.6 por ciento y los adeudos fiscales de ejercicios anteriores (Adefas), que en su mayoría corresponden a pagos a proveedores pendientes de 2013, se incrementaron 45 por ciento en términos reales.

El reto no es sólo gastar más, sino que ello se traduzca en una mayor dinámica económica a nivel de los sectores y de la economía en su conjunto, al tiempo que modifique las expectativas de un mayor crecimiento. Es claro que el ejercicio del gasto público se ha acelerado; está por verse si es eficaz para impulsarlo.

La semana pasada el INEGI dio a conocer el comportamiento de la producción industrial en enero, la cual registró un incremento desestacionalizado de 0.51 por ciento con respecto a diciembre de 2013 y de 0.7 por ciento a tasa anual. Con ello, se consolida una muy ligera tendencia al alza –que también se puede interpretar como estancamiento— que inició a mediados del año pasado.

La industria manufacturera creció 2.5 por ciento en relación con el primer mes del año anterior, tasa más elevada que las de los dos meses anteriores; el sector “generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas” se expandió 0.3 por ciento, tasa inferior a la del bimestre anterior; en contraste, la minería y la construcción registraron contracciones de 0.1 por ciento y 2.5 por ciento, respectivamente.

Por subsectores manufactureros, el crecimiento estuvo impulsado por la producción de equipo de transporte; industrias metálicas básicas; industria alimentaria; industria del plástico y del hule; equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos; accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica, y la de “otras industrias manufactureras”.

En contraste, bebidas y tabaco, madera, textiles y prendas de vestir, impresión, derivados del petróleo y muebles continuaron en recesión. Así, la recuperación de la producción manufacturera aún no se generaliza: de 21 subsectores, en ocho la tasa de crecimiento de la producción fue positiva en enero; en cinco fue prácticamente nula; y en ocho fue negativa.

Preocupa el comportamiento de la fabricación de derivados del petróleo, minerales no metálicos (cemento), metálicas básicas, y maquinaria y equipo, ya que se vinculan con la producción de bienes de capital y, por tanto, con la inversión y la creación de infraestructura.

En la construcción, el comportamiento negativo fue resultado de las menores obras relacionadas con obras de ingeniería civil y edificación, que fue reflejo de una reducción de la demanda de materiales para construcción. Ello respondió al escaso dinamismo que todavía muestra la inversión. En diciembre de 2013, la inversión fija bruta sólo aumentó 0.7 por ciento, con lo que en ese año registró una contracción de 1.8 por ciento.

Esa evolución de las variables vinculadas con la expansión de la economía a fines de 2013 y principios de 2014 implicó que se redujeran los pronósticos de crecimiento del PIB de los “especialistas en economía del sector privado”, según la encuesta que elabora el Banco de México, de 3.40 por ciento a tasa anual en enero a 3.23 por ciento en febrero.

A pesar de la evolución del gasto público, en los primeros meses del año la economía no mostró signos claros de recuperación, lo que se traduce en deterioro de las expectativas y un entorno de incertidumbre para la inversión.

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