Opinión

Gasolinazo y tarifas eléctricas, las mentiras de Peña

 
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Gasolina. (Cuartoscuro)

En plena campaña presidencial de 2012, Enrique Peña Nieto señaló que “a las familias mexicanas les llega un recibo de luz que ha ido creciendo en los últimos años”. Explícito, el candidato presidencial priista prometió que “con la reforma energética voy a bajar los costos de la energía eléctrica”.

Entre diciembre de 2012, cuando asumió el poder Peña Nieto, y septiembre de 2015, cuando ya se debían ver los efectos positivos de la reforma energética, las tarifas de luz se incrementaron en promedio 6 por ciento. Promesa incumplida y abiertamente violentada entre julio y agosto de este 2016.

Las tarifas industriales aumentarán entre 5.2 y 7.5 por ciento respecto a agosto de 2015. Las del sector comercial se incrementarán entre 7.8 y 9 por ciento y las del sector residencial se elevarán en 8.9 por ciento para el sector de alto consumo.

Peña Nieto no sólo mintió. Los incrementos a las tarifas de luz son mucho mayores que la inflación general y seguramente la impactarán negativamente.

A este efecto inflacionario hay que agregarle el incremento en los precios de las gasolinas donde la palabra del primer mandatario simplemente se evaporó.

Todos escuchamos a un Peña Nieto eufórico, en septiembre de 2015, promoviendo que “gracias a la reforma fiscal se evitaron los incrementos a las gasolinas. Se acabaron los gasolinazos que tanto lastimaron mes a mes a la economía de las familias mexicanas”.

En enero de 2016, Peña Nieto volvió a presumir que “por primera vez, en 24 años, bajaron el precio de las gasolinas con acciones como ésta (la reforma energética). En 2016 seguiremos quitando obstáculos”.

Para agosto de este año, el gasolinazo constituye uno de los más elevados desde que Peña Nieto tomó el poder. El 27 de julio, los precios de las gasolinas se incrementaron a 13.96 pesos por litro. Esto significa un 30 por ciento por arriba de lo que pagaron los consumidores en ciudades como Houston, de Estados Unidos.

El enfoque recaudatorio de la Secretaría de Hacienda es lo que se impone en estas medidas. Esta dependencia no sólo incumple la promesa de enero de 2015 de que “no se propondrán nuevos impuestos ni se incrementarán los existentes”, sino que vacía los bolsillos de los mexicanos con un IEPS fijo de 4.16 pesos por litro.

Con este IEPS fijo, la Secretaría de Hacienda nunca pierde. Suban o bajen los precios internacionales de referencia Hacienda garantiza cuantiosos ingresos fiscales. Tan sólo en los primeros cinco meses de 2016 Hacienda ya recibió más de 116 mil millones de pesos, 20.7 por ciento más que lo recaudado durante el mismo periodo de 2015.

Entre el incremento de las tarifas eléctricas y el gasolinazo, la administración de Peña Nieto entra a una situación turbulenta en materia de política económica.

Además de estos incrementos, la fuerte depreciación del peso frente al dólar provocará un aumento en los costos de generación de energía eléctrica e impedirá que el gobierno federal siga subsidiando a la CFE.

Por muchos años, las tarifas eléctricas se establecieron aplicando el criterio de “subsidios cruzados”: se subsidió la tarifa doméstica, para servicios públicos y agrícolas, a cambio de una tarifa superior para el consumo industrial. Esto provocó que se encarecieran las tarifas industriales y restó competitividad al sector.

A partir de la reforma energética de Peña Nieto se intentó modificar la política tarifaria, reduciendo las tarifas industriales de manera importante, contra una pequeña disminución de las tarifas residenciales y un incremento a las agrícolas y de servicios comerciales.

Al ya no existir “subsidios cruzados” generaron efectos negativos que la CFE compensó parcialmente con la disminución de los precios de los combustibles y la sustitución del combustóleo por gas natural, lo que de ninguna manera fue producto de la reforma energética.

La reducción de las tarifas eléctricas durante los últimos meses, que tanto presumió el actual presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa, exdirector de la CFE, fue artificial. No se sustentó en una reducción real de los costos de producción ni en un incremento de la eficiencia operativa de la CFE.

En resumen, tanto el incremento de las gasolinas como de las tarifas eléctricas en julio y agosto tendrán impactos negativos en la inflación. No sólo afectarán a los consumidores directos, sino que tendrá un efecto secundario en el incremento del transporte para personas y mercancías.

También tendrán un impacto negativo en las expectativas y proyecciones del crecimiento económico. Para 2016, el pronóstico de crecimiento económico disminuyó de 2.74 por ciento (de diciembre de 2015) a 2.28 por ciento (julio de 2016). Para 2017 la reducción ha sido del 3.29 al 2.62 por ciento.

Por si fuera poco, a la difícil situación económica se suma ahora el fracaso de las reformas estructurales y sus graves consecuencias sociales, como se observa ahora con el conflicto magisterial.

La autora es senadora de la República.

Twitter:@Dolores_PL

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