Opinión

Gabo Pacificador

"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" 

Mateo 5:9

Con la muerte de Gabriel García Márquez, seguramente en estos días habrá un tsunami de artículos y entrevistas donde se analizará merecidamente su legado literario y periodístico. Reconozco mi amor a la lectura, pero también tengo claro mi analfabetismo literario y por lo tanto no quisiera ofender a un Premio Nobel de Literatura y a los verdaderos expertos tratando de expresar burdamente mi admiración por Gabriel García Márquez escribiendo en este espacio sobre sus obras.

Pero sí quiero reconocer al maestro el papel que jugó en un ámbito que sí conozco y del que poco se ha escrito y analizado: su papel en el ámbito de relaciones internacionales, y como mediador entre dos países en conflicto. García Márquez jugó un importante papel como peacemaker entre Estados Unidos y Cuba. Y tuve la fortuna de ser testigo de este esfuerzo.

El expresidente de los Estados Unidos William Clinton expresó sus condolencias horas después de que se anunciara la muerte de Gabo el pasado jueves. Señaló que fueron amigos por más de 20 años y destacó su capacidad literaria recordando que leyó hace 40 años Cien años de soledad. Lo que no señaló Clinton es que esta amistad se tradujo en un vínculo entre la Casa Blanca y La Habana.

Era legendaria la amistad entre el líder cubano Fidel Castro y Gabriel García Márquez, razón seguramente por la cual a García Márquez se le negaba la visa para viajar a los Estados Unidos. Fue el presidente Bill Clinton el que levantó la prohibición que tenía Gabo para viajar a la Unión Norteamericana. Y aunque ciertamente el presidente Clinton admiraba las obras de Gabo, comentando que “siempre estuve asombrado por sus dones únicos de imaginación, claridad de pensamiento y honestidad emocional”, también este acercamiento permitió que Gabo fuera un vínculo entre Clinton y Castro, dos líderes que no podían comunicarse directamente.

Entre 1993 y 2001, García Márquez visitó la Casa Blanca no sé cuántas veces. A veces se reunió con el presidente, otras veces no. Durante la administración de Bill Clinton, el presidente y algunos de sus asesores buscaron tener un acercamiento con Cuba y tratar de cambiar la dinámica de la relación entre los gobiernos de ambos países. No fue posible y seguramente la historia nos dará más claridad de por qué continúa el embargo hacia la isla.

Pero no fue por falta de interés por parte de la Casa Blanca.

Tuve la oportunidad de estar presente durante una de las visitas de García Márquez a la Casa Blanca en 1997, donde yo trabajaba como asesora al Enviado Especial de las Américas. Se me pidió que tradujera para el Premio Nobel, quien no hablaba inglés y sus interlocutores no hablaban español. En verdad fue un gran honor y no falta decir fascinante la conversación.

Al terminar la reunión tuve la oportunidad de acompañar al maestro y conversar con él. Con su mágica simpatía, me comentó que seguramente era yo colombiana no sólo por mi acento sino por mi apellido (Salazar), que es “muy de Colombia”. Le conté mi “historia” de ser una mexicana/estadounidense que tuvo la gran oportunidad de trabajar en la Casa Blanca y vivir en Colombia.

Se reía con facilidad, escuchaba intensamente y le encantaba conversar. Es así como recuerdo mi encuentro con este Premio Nobel de Literatura. Al despedirnos sacó del morral uno de sus libros, El amor en los tiempos de cólera, pero la edición era en ¡inglés!

Apenado me comentó que era la última copia que traía y quería regalármelo. Yo encantada lo recibí, pero eso sí, en una forma casi impertinente le pedí la dedicatoria.

“Para Ana María, mi voz en inglés”, escribió en esta edición de la obra maestra, en un idioma que no particularmente le agradaba. El libro lo guardo no sólo como un recuerdo, sino una afirmación de la importancia que juegan personajes con la credibilidad de Gabriel García Márquez en abrir puertas, promover espacios de diálogo, y sobre todo buscar acercamientos entre enemigos y cruzar la brecha de los malentendidos. Necesitamos más personajes como él, hombres y mujeres que se mueven entre la cultura y la política. Se le va a extrañar, Gabo.

PD ¡Feliz Cumpleaños papá!