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El día de ayer la Junta de Gobierno del Banco de México decidió incrementar en medio punto la tasa de referencia, de 4.75 a 5.25 por ciento. El alza era esperada, pero la magnitud era lo que estaba en duda.

Escuché especialistas que hablaban de uno a dos puntos de incremento, y el mercado mismo apuntó desde el martes, en la subasta de Cetes, que su apuesta era por 0.75 por ciento.

Pero el Banco decidió que no, que con medio punto era suficiente. La respuesta del mercado cambiario, que apenas se movió de 20.20 a 20.40 pesos por dólar, indica que le atinaron al mínimo aceptable, pero también nos dice que la nueva tasa no estará atrayendo capitales con facilidad. No sabemos exactamente por qué decidió el Banco eso, y nuestra mejor aproximación será con la próxima publicación de las minutas de la reunión, pero la decisión ha sido polémica entre los expertos.

Como usted sabe, el objetivo fundamental del Banco es evitar que la inflación crezca, y para hacerlo sólo tienen una herramienta, que es la tasa de interés. Si ven que los precios empiezan a crecer rápidamente, elevan la tasa y con ello dificultan el crédito, la demanda se reduce, y los precios deben bajar. Sin embargo, esta herramienta tiene en realidad varias dimensiones. Importa su nivel, pero también importa lo que los mercados interpretan.

Como se demostró con claridad en México en 1987, buena parte de la inflación proviene de algo llamado 'inercia'. Cuando uno cree que la inflación va a crecer, se prepara para ello. Como consumidor, comprando antes de que el dinero valga menos; como productor, elevando los costos. Así, si los mexicanos hoy creen que la inflación para 2017 va a ser de 5.0 por ciento, entonces los trabajadores pedirán un incremento salarial de ese tamaño. Los consumidores comprarán de forma anticipada para evitar ese incremento en sus compras. Al hacerlo, provocarán que la inflación efectivamente llegue a 5.0 por ciento, pero al mismo tiempo provocarán que las siguientes negociaciones salarias sean mayores, y que las compras crezcan previendo esos incrementos. Es decir, los precios suben porque creemos que subirán.

El alza en las tasas busca entonces convencer a todo mundo de que no habrá inflación elevada, y por ello muchos analistas esperaban un incremento fuerte del Banco de México, digamos de un punto, para que no hubiera duda de que la inflación seguirá dentro de la banda establecida: de 2.0 a 4.0 por ciento.

Sin embargo, además de las señales que la tasa envía a los actores económicos mencionados, también impacta en inversionistas, y es posible que los miembros de la Junta de Gobierno hayan estimado que una elevación excesiva de la tasa mostraría temor de parte de la autoridad monetaria, provocando con ello una salida de capitales.

Insisto en que sabremos cuando conozcamos las minutas, pero me parece una posibilidad. El que el tipo de cambio no se haya desatado después del anuncio indica que no fallaron en eso, pero tampoco sirvió como para atraer dólares y mejorar el nivel de entre 19 y 21 que parece que se quedará un buen rato.

En este punto creo que vale la pena recordar que atraer recursos del exterior usando la tasa de interés puede no ser gran idea. El tamaño de la incertidumbre actual es tal que, creo, requeriríamos niveles realmente altos en la tasa como para que hubiese inversionistas interesados en venir. Brasil tiene una tasa de 14.25 por ciento, y por eso atrae dólares y tienen una depreciación inferior a la nuestra. Pero nosotros no queremos pagar esas tasas, ni sufrir inflaciones de 12 por ciento como ocurre allá.

Tiempo de incertidumbre, de jugar a las 'fuercitas' con los mercados.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.


Twitter: @macariomx

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