Opinión

¿Fue correcta la decisión del Banxico de subir la tasa de interés?

 
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La decisión de la Junta de Gobierno del Banco de México, del pasado jueves 17 de noviembre, en el sentido de haber aumentado 0.25 puntos porcentuales su tasa de interés objetivo para ubicarla en 3.25 por ciento anual es algo que la enorme mayoría de los analistas económicos ya veían venir. Esto sobre todo después de que un día antes al Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) también elevo su tasa de interés en 0.25 por ciento para situarla en un rango de 0.25 a 0.50 por ciento anual, además de que dejó la puerta abierta para realizar mayores aumentos graduales a lo largo de 2016.

La respuesta del mercado cambiario ante el alza anunciada por el Banxico fue positiva en el sentido de que el peso se recuperó frente al dólar ya que el tipo de cambio bajó de 17.185 pesos por dólar reportados al cierre de la jornada del miércoles 16, a 16.998 pesos por billete verde al cierre del mercado el pasado viernes 18.

No obstante lo anterior y las declaraciones optimistas que hemos escuchado, debemos cuestionarnos si fue correcto por parte del Banxico el haber aumentado la tasa de interés objetivo. En el comunicado de prensa emitido el Banco Central señaló, para justificar su decisión, lo siguiente: “…en ausencia del citado ajuste en el objetivo de nuestra tasa de interés de referencia, podría generar una depreciación adicional que fuera desordenada en la cotización de la moneda nacional y, así, afectar las expectativas inflacionarias y a la inflación misma”.

Así pues, por el párrafo anterior se desprende que lo que motivó al Banxico a subir la tasa de interés es que si no lo hacía podría darse una mayor depreciación del peso y esto podría ocasionar mayor inflación, siendo que actualmente se encuentra en 2.21 por ciento anual. Hay que tomar en cuenta que el mandato constitucional de nuestro Banco Central es preservar el poder adquisitivo de la moneda, por lo que en esos términos la decisión fue la correcta, ya que de lo contrario habríamos presenciado una mayor fuga de capitales del país de la que ya hemos visto (de acuerdo con un reporte del Grupo Financiero Banorte hecho público en septiembre de este año, hasta ese entonces en 2015 ya se habían fugado de México 3.214 miles de millones de dólares tan sólo de la Bolsa Mexicana de Valores).

Y es que aunque las autoridades nieguen salida de capitales del país, el hecho de que el tipo de cambio haya pasado de 14.521 pesos por dólar en diciembre de 2014 a 16.983 pesos en diciembre de este año, es indicativo de que ha habido una mayor demanda que oferta de dólares.

Entonces, si bien el Banxico tomó las medidas correctas para evitar una mayor depreciación del peso e inflación, ¿fue correcta en términos de lo que pasará con el costo del crédito, la producción y el empleo?

En relación al costo del crédito, si asumimos que en la medida en que suba la tasa de interés de referencia del Banxico, también lo harán la tasas de los Certificados de la Tesorería (Cetes), pues de entrada con el alza de 0.25 puntos en la tasa de interés objetivo el costo financiero para el sector público federal se elevará en 22.127 miles de millones de pesos al año. Esto derivado de que el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (RFSP) ascendieron a 8.2968 billones de pesos a finales de octubre de este año.

Esta pequeña alza en la tasa de interés significa que el gobierno federal deberá destinar más recursos para el pago de intereses sobre su deuda y se destinen menos recursos para infraestructura, combate a la pobreza, lucha contra la delincuencia, y demás programas que son de claro beneficio social. Y eso que esto es sólo el principio. Si durante 2016 la tasa de interés de referencia sube en un punto porcentual completo (y la deuda pública deja de crecer, cosa que se antoja imposible), entonces el costo financiero para el sector público se elevará en otros 88.508 miles de millones de pesos.

Desde luego que para el sector privado y para las familias también habrá un impacto negativo con el alza en las tasas de interés, sobre todo para aquellos que tienen créditos a tasa variable. Desde luego que muy pronto veremos un ajuste al alza en las tasas de interés que cobra las tarjetas de crédito y los nuevos créditos que se otorguen a tasa fija serán más caros. El que las empresas y familias enfrenten costos financieros más altos significa que habrá menos recursos para inversión productiva y para el consumo, lo cual sin duda tendrá un impacto negativo en el ritmo de actividad económica, en producción y empleo.

De acuerdo con cifras del Banco de México, el financiamiento de la banca comercial al sector privado en México ascendió a 3.1 billones de pesos a octubre de 2015. Asumiendo que este monto estuviera a tasa variable, un alza de un punto porcentual en la tasa de interés implica un costo financiero adicional para el sector privado de 31 mil millones de pesos, recursos que se dejarían de destinar a la inversión y al consumo, y acabarán en los bancos.

¿Y porque digo que acabarán en los bancos? Pues porque lo lógico a esperar es que los bancos aumenten el costo del crédito, pero no van a subir la tasa de interés que le pagan a los ahorradores. Esto mismo es lo que está pasando en Estados Unidos tras el alza anunciada por la Fed, en la que ya muchos bancos anunciaron ajustes al alza en lo que cobran por sus créditos, pero mantuvieron sin cambios lo que le pagan a los ahorradores.

De esa manera vemos pues que la medida anunciada por el Banxico será recesiva para el país porque frena la inversión y el consumo, y por lo tanto la producción y la creación de empleos. Es verdad que ayudará en la lucha contra la inflación, pero será a un alto costo porque con esto difícilmente creceremos más de 2.5 por ciento el año 2016.

Un aspecto adicional que vale la pena destacar es que Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, ya salió a decir que el alza en la tasa de interés “no debería” afectar a la mayoría de la gente y que México crecerá en 2016 más de 3.0 por ciento impulsado por la recuperación económica en Estados Unidos.

Esta declaración lo que nos dice es que el gobernador del Banxico ya tomó partido por la lucha contra la inflación, comienza a apagar los motores del avión (consumo e inversión) y nos indica que no debemos preocuparnos porque el viento sopla a nuestro favor. En lugar de consolidar la incipiente recuperación económica del país, le avienta la responsabilidad de que crezcamos a Estados Unidos, de manera que seguiremos con el modelito económico ya desgastado de depender de lo que suceda fuera de nuestro país para poder crecer. Que quede claro que con la decisión del Banxico tendremos baja inflación, pero a costa de un mercado interno que perderá el dinamismo que estaba adquiriendo.

Otro punto que se debe mencionar es el impacto que tiene el alza en la tasa de interés en el tipo de cambio. Como ya se señaló, de entrada resultó benéfico para el peso ya que éste se fortaleció. Sin embargo, debemos tener en claro que nuestras exportaciones manufactureras no automotrices cayeron 0.3 por ciento a tasa anual en el periodo de enero a octubre de 2015 a pesar de la depreciación del peso. Esto se debió a que el comercio mundial se desaceleró para crecer apenas 2.0 por ciento este año y a que hay otras naciones que han depreciado su moneda más que nosotros, como Brasil. Así pues, el haber elevado la tasa de interés en México buscando frenar la depreciación del peso (y así evitar inflación) son malas noticias para los exportadores nacionales.

¿Y qué podemos esperar entonces? Pues nuevamente problemas con Estados Unidos porque mientras allá tienen una economía fuerte (por eso elevaron tasas de interés) aquí seguiremos débiles, lo que fomentará la emigración hacía el vecino del norte.

A manera de conclusión podemos señalar que el Banco de México renunció a tener una política monetaria autónoma que busque el crecimiento económico del país. La decisión de política monetaria anunciada el jueves 17 fue una respuesta a lo que hizo la Fed y no una decisión basada en lo que le conviene a la enorme mayoría de los mexicanos, y eso es primordialmente tener una economía en crecimiento que pueda generar empleos bien remunerados. Como ya se señaló, lamentablemente todo apunta a que en 2016 veremos más alzas en las tasas de interés, por lo que sin duda será un año difícil, ya que no sólo de baja inflación comemos los mexicanos.

El autor es director general GAEAP.

Correo: alejandro@gaeap.com; www.gaeap.com

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