Opinión

Franquicia coreana deja estela de defraudados; pretende borrón y cuenta nueva

 
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expo franquicias

Esta es una columna que encierra una historia que ha sido la dinámica de más de 12 familias emprendedoras mexicanas. Es de esas historias que uno lamenta que se den en México, de la que quizás uno no quisiera escribir, pero que indudablemente está obligado moralmente a relatarla.

Son más de 12 historias que conforman una sola que demuestra la impunidad, la desfachatez pero también el descuido y la complacencia que se convierte en cómplice.

Hoy más de una docena de familias de empresarios cuentan el fraude de que fueron objeto ante la mirada de la Asociación Mexicana de Franquicias que al no intervenir en nada, según hasta ahora se sabe, permitió que a plena luz del día uno de sus Vicepresidentes encabezara la “venta” de franquicias sin que la marca fuera registrada ante el IMPI, ni sus contratos debidamente registrados o del conocimiento del dueño en Corea.

El recurso que se pagó a representantes en México de la franquicia trabajaron en beneficio, presumiblemente y según el decir unánime de los afectados, de quien vendió derechos a sabiendas de que no iba a reportarlos a Corea.

Corea se entera “de chiripa” de los fraudes y en lugar de intervenir y aceptar correr con parte de la pérdida, concede beneficios a los defraudados a cambio del pago de determinadas cantidades inaceptables y ahora imposibles de pagar. Además les obliga a firmar desestimientos legales y otras condiciones que menciono más adelante.

El caso es que hoy hay más de 12 familias defraudadas y un océano de distancia entre la solución y sus problemas.

Jumping Clay es una franquicia maravillosa, divertida, colorida y además didáctica. Es una de esas franquicias con productos que forman, que generan creatividad, que entretienen sanamente.

Es una paradoja que una franquicia tan noble tuviera tan mala suerte en nuestro territorio al amparo de complicidades y de la holgada irresponsabilidad de los dueños en Corea quienes, de haber mantenido un mínimo de seriedad en la observación de sus obligaciones como franquiciantes, se hubiesen enterado mucho antes de que en México se habían vendido al menos 12 franquicias sin que Luis Argüelles Rivera, a la sazón en algún momento de estas dolorosas historias vicepresidente de la Asociación Mexicana de Franquicias, vendiera las franquicias sin reportarlas a su matriz.

Esto es lo que regularmente un comprador de franquicia de la Jumping Clay pagaba por los derechos de la franquicia:

Franquicia USD10,000.00

Stock inicial USD4,000.00

Canon anual USD872.00

Certificación de personal (1 persona) USD106.00

Acondicionamiento del local más las rentas y “el guante” y otros derivados (variables según el caso).

Calcule inversiones que pueden superar los 600 mil pesos mexicanos, cantidad que comprende el canon de franquicia, el mobiliario, el acondicionamiento, la compra obligada de inventario, los talleres para capacitar al personal, los certificados de aptitud en el manejo de la “plastilina” para modelar figuras, los sueldos, etcétera..

De 20 tiendas “vendidas”, nos señalan no menos de ocho defraudados con quienes hemos estado en contacto, hay 12 tiendas cerradas, tres abiertas, dos habilitadas como “vendedores ambulantes”, dos sin abrir.

Doce franquicias “fantasma” que Corea se niega a reconocer. Doce franquicias que pagaron con sacrificio sus cuotas, realizaron sus inversiones y que luego fueron dejadas al amparo de la suerte, sin asesoría e incluso sin materiales para seguir trabajando. Ni siquiera se les contestaba el correo electrónico.

La franquicia llega a México en 2011. No hay un solo defraudado que hable mal de la marca a pesar de que ninguno pudo recuperar ni una décima parte de lo invertido.

Luis Arguelles, con el apoyo de Sarahí Mena, señalan los denunciantes, vendieron las franquicias pero no las reportaron a Corea. Cobraron hasta el último centavo que incluía en ocasiones viáticos de capacitadores, dos, cuando en realidad uno solo era quien desarrollaba las tareas.

Quien trajo la franquicia a México fue José Antonio zarcos Lanas quien luego concede facultades a LUIS para su manejo. Al parecer las diferencias acabaron con la amistad de ambos y Corea deja en manos de Luis el manejo de la marca en México sin verificar la cuestión legal de ella como resulta el caso de su registro ante el IMPI o su relación legal ante el máximo organismo privado en la promoción de las franquicias en el territorio mexicano.

El caso es que Corea da manga ancha a Luis, según se desprende de las historias, quien por lo que sea, hace ventas sin reportarlas a la sede propietaria original a decir por las declaraciones y posición asumida por el dueño de la Jumpling Clay quien luego de una larga ausencia accidentalmente se encuentra con defraudados.

La posición más sencilla, a pesar de que los defraudados muestran papeles al dueño de la franquicia, fue decir que ellos no eran formal o legalmente franquiciatarios y por ende no tenían derecho a ningún posible beneficio (incluyendo la venta de materiales) hasta que pagaran tres mil 500 dólares, equivalentes hoy casi a 60 mil pesos (¿más?).

Nadie quiere asumir responsabilidad y dejan solos al arbitrio de la suerte a los defraudados. Ni estuvo al pendiente la AMF, ni ahora, todo indica, asume ningún papel de defensa de empresarios defraudados. En las narices de la asociación se fraguo un fraude sin quien nadie se diera por enterado.

Un súper personaje de la historia de las franquicias en México asegura que la asociación estaba preocupada. No les parece así a los defraudados. En todo caso, este personaje, digno de todo crédito, afirmó ayer a Universo Pyme que Luis “se la ganó a pulso”, what ever that means.

Nadie hace nada. Doce familias al menos se organizan legalmente para la defensa de sus derechos ahora ninguna autoridad pública o privada les concede ya no digamos apoyo, ni siquiera asesoría. Ya hay abogados procediendo a demandas y hay denuncias de hechos ante la Procuraduría de Justicia del DF.

Si usted quiere involucrarse con la marca o comprar una franquicia hay que tener cuidado. No merece la coreana derecho a estar en la Expo Franquicias porque permitirlo únicamente porque paga el piso que ocupa es conceder alas a los alacranes.

Una pena para quienes hoy tienen la responsabilidad de promover a la marca, quienes intentan conciliar en el asunto que ya está suficientemente descompuesto.

Dar facilidades de expresión a una franquicia que tiene estos antecedentes equivale a facilitarles posibilidad de replicar el fraude. No merece crecer en México hasta que se responda a los defraudados quienes van por Luis hasta sus últimas consecuencias.

La suspicacia mexicana que de tanto ejercicio acaba siendo muy sabia, afirma que la parte coreana evitó meterse en problemas con el sr. Arguelles a quien abrió “la puerta de servicio” a cambio de mantenerse en el país como “si nada hubiese pasado antes”.

¿Es culpa de Arguelles? Todo indica por las pruebas que se presentan pero también pesa responsabilidad sobre un dueño que desde Corea evitó dar seguimiento a lo que en México sucedía y que al conocimiento del asunto prefirió darle cómodamente la espalda.

Mientras tanto la coreana da a los defraudados oportunidad, dice, de “regularizarse” (¡gracias!). Impone como condición el pago de dinero para reconocimiento de su posición como franquiciantes; también impone una cláusula: la firma de un desestimiento de acciones legales y también la presencia de un abogado externo en país neutral para dirimir diferencias de presentarse. No quiere que la ley mexicana intervenga en lo que llegara a ser necesario.

Ya veo a los defraudados ir a España o a Miami a contratar abogados en su defensa.

El asunto no es menor. Obliga a todos a estudiar qué pasó para evitar que el asunto se repita con la Jumping Clay o con alguna otra franquicia. La AMF no sólo debe existir para promover la compra de franquicias, sino para garantizar que las que en México existen y se multipliquen, máxime siendo extranjeras, asuman cabalmente sus compromisos.

Si no lo hace así en casos como este, degrada su prestigio que ni en México ni en el extranjero es poco.

Esta columna fue escrita luego de conocer al menos seis de las 12 historias y leer documentos, correos y constancias de pago, así como los términos de las demandas que están en curso y las que surjan de la unidad de los defraudados.

Correo: direccion@universopyme.com.mx

Twitter: @ETORREBLANCAJ

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