Opinión

Francisco y la Iglesia:
¿sin embargo se mueve?

1
  

   

Papa Francisco

El resultado del sínodo de obispos sobre la familia, que luego de tres semanas concluyó en El Vaticano este sábado, ha quedado en manos de Francisco, a quien le toca mover ficha, ya sea para ir más allá del modesto (en avances) documento que le entregaron los 270 prelados, o para aguantar para otro momento –dada la manifiesta oposición a temas como la aceptación de los homosexuales– una agenda de apertura más agresiva.

El documento, producido por la XIV Asamblea General Ordinaria, abre un poco la puerta de la Iglesia a los divorciados que sin buscar la nulidad matrimonial se han vuelto a casar (se propone que se revise caso por caso si han de poder participar en la Iglesia), pero la cerrazón ante la unión de los homosexuales queda inamovible (el texto condena la discriminación de los gays pero sostiene que ni remotamente la unión de estos debe ser considerada como similar al designio de Dios en cuanto al matrimonio).

Lo único claro es que el Papa de origen argentino ha respondido al documento, así sea de forma sutil, con una advertencia de que la Iglesia no puede poner oídos sordos a las realidades de este tiempo.

“Si Bartimeo (personaje de la lectura de la misa de ayer) era ciego, ellos (los discípulos de Jesús) son sordos: aquel problema no es problema suyo. Este puede ser nuestro riesgo: ante continuos apuros, es mejor seguir adelante, sin preocuparse”, ha dicho Francisco en la homilía de ayer, ante los obispos que redactaron el documento.

“Somos capaces de construir visiones del mundo –advirtió Jorge Bergoglio– pero no aceptamos lo que el Señor pone delante de nuestros ojos. Una fe que no sabe radicarse en la vida de la gente permanece árida y, en lugar de oasis, crea otros desiertos.

“Los discípulos de Jesús están llamados a esto, también hoy, especialmente hoy: a poner al hombre en contacto con la misericordia compasiva que salva. (…) Hoy es tiempo de misericordia”.

Como quien apela a repensar algo que no ha sido formulado correctamente, el sábado el Papa ya había apelado a la misericordia.

“El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor”, dijo Francisco en la conclusión formal del sínodo de la familia.

El Pontífice destacó que las discusiones del sínodo pusieron “al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”.

Es la respuesta de un Francisco que en los últimos días probó la fuerza de la resistencia que enfrenta: lo trataron de desacreditar con la filtración de una carta de cardenales que le acusaban de manipular el
sínodo y con el rumor de que padecía un tumor cerebral.

“Las distintas opiniones que se han expresado libremente –y por desgracia a veces con métodos no del todo benévolos– han enriquecido y animado sin duda el diálogo”, respondió el Papa.

Toca a Francisco producir un documento –en semanas o meses– sobre la familia. En él se verá si se siente con la fuerza para ir más allá de los tímidos avances del sínodo. Veremos si emula a Galileo y en los hechos declara que, a pesar de todo, su Iglesia se mueve.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
El país que derrotaba a sus árbitros
Las otras capturas del 'Chapo'
Réplica sobre obras en el INE