Opinión

Fracking: ¿y las mejores prácticas, apá?

Durante meses hemos escuchado a funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto argumentar que, dado que somos de los últimos países en abrir nuestro patrimonio energético, hoy podemos diseñar un modelo de apertura que incorpore las mejores prácticas internacionales.¿Es eso real?

El lunes el diario El País incluía un reporte desde Londres. En él se informaba que el gobierno británico pretende abrir el sur de Inglaterra a la explotación de petróleo mediante fracturación hidráulica, o fracking. Esa técnica, que introduce agua y una mezcla de arena y químicos a presión para romper rocas y así extraer petróleo y/o gas, es ampliamente rechazada por los ambientalistas y hay países, como Francia, que la prohíben. Se le asocia con graves daños, por la enorme cantidad de agua que se emplea, emisión de gases tóxicos e incluso sismos. Eso no obsta para que en Estados Unidos el fracking sea visto por algunos como el gran pivote de la anunciada autosuficiencia energética de la Unión Americana. Esto último ha sido usado como argumento por el gobierno mexicano en su propaganda aperturista.

Buscando paliar la resistencia de las comunidades inglesas al fracking, el gobierno de David Cameron ha informado que incrementará las compensaciones que reciban las comunidades. Así, en el nuevo esquema de compensaciones cuando una compañía petrolera crea que mediante fracking puede explotar un yacimiento, la comunidad donde éste se ubique podría recibir los siguientes pagos: de arranque, 100 mil libras por la exploración para comprobar si hay en efecto reservas que valgan la pena explotar; además, han de pagarse 20 mil libras por cada perforación lateral. Cada campo de explotación de shale o lutitas, como usted guste llamar a esas rocas que retienen los hidrocarburos, supone diez perforaciones verticales con cuatro tiros laterales cada una, explica en esta nota The Guardian http://www.theguardian.com/environment/2014/may/23/fracking-compensation-increase-quell-opposition. Es decir, las comunidades recibirán hasta 800 mil libras por sitio. Al tipo de cambio de ayer, por cada sitio de exploración las comunidades recibirían 19 millones 457 mil pesos. Y último, pero no menos importante: la comunidad tiene derecho al 1.0 por ciento de lo que se gane en ese pozo.

¿Qué pasaría en México con las comunidades donde haya gas shale? Los riesgos parecen claros, pero los beneficios no. En la propuesta de ley de hidrocarburos sólo se asienta que “los proyectos (…) atenderán los principios de sostenibilidad y respeto de los derechos humanos de las comunidades y pueblos de las regiones en los que se pretendan desarrollar”. Y que “previo al otorgamiento de una asignación, o de la publicación de una convocatoria para la licitación de un contrato para la exploración y extracción, la Secretaría de Energía, en coordinación con la Secretaría de Gobernación y demás dependencias y entidades competentes, realizará un estudio de impacto social”. Cero claridad en esquemas de compensación a la comunidad. A lo más que llega la iniciativa es a señalar que cuando una compañía pague a un particular por la renta o compra de su terreno, esa contraprestación “podrá comprender pagos en efectivo o en especie, incluyendo compromisos para formar parte de proyectos y desarrollos en la comunidad o localidad”. Pero advierte, eso sí, que ningún pago podrá estar asociado con la producción.

Ya sé que unos apelarán a que nuestro sistema de tenencia de la tierra es singular, o a que el pacto federal hace necesario que unas zonas aporten para beneficio de todos, etcétera. El caso es que he aquí una práctica internacional que dentro de lo polémico que resulta el shale no suena mal, pero que por lo pronto no está incluida en las leyes que discutiremos en los próximos días. ¿Entonces?