Opinión

Fortalecer el mercado interno para minimizar el efecto Trump

 
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La incognita de Trump ante el calentamiento global

A la luz de los resultados electorales de los comicios en Estados Unidos de Norteamérica, en nuestro país surge una serie de inquietudes y preocupaciones motivadas por el discurso de campaña que el presidente electo Donald Trump utilizó reiteradamente.

Pero con independencia de las políticas y acciones de Trump, los mexicanos debemos tomar las medidas que estén a nuestro alcance para que lo sucedido y lo que pueda suceder en el país vecino afecte lo menos posible a nuestra economía y sociedad.

Una reacción inmediata hubiera sido el replanteamiento de las asignaciones presupuestales para los estados y la Federación en el presupuesto 2017, reorientando recursos para fortalecer el mercado nacional.

Javier Martínez Cruz, comisionado del Infoem, se pronuncia por una medida keynesiana en un artículo que remitió a los integrantes del Sistema Nacional de Transparencia: “apostar a la asignación de gasto en proyectos de inversión para el desarrollo de infraestructura social y económica; así como para proyectos productivos en el campo y en el sector turístico”; esto con la idea de que el desarrollo surja de los municipios, que es donde se puede “operar este efecto multiplicador del gasto”.

Javier complementa su planteamiento con la propuesta de realizar un “pacto nacional” entre “gobiernos locales, gobierno federal, Poderes, Órganos Autónomos y Sociedad Civil”, cuyo objetivo sea reactivar el desarrollo apostando al mercado interno. Coincido con el comisionado del Infoem, desde la perspectiva siguiente:

México es un país con vastos recursos naturales y potencial humano. Tenemos, además de los recursos energéticos, una amplia gama de sectores productivos que podemos explotar con mayor eficacia, implementando incentivos para su mejor y mayor desarrollo.

Por lo tanto, la incertidumbre que deriva de este galimatías postelectoral Norteamericano debe servir para hacer un llamado a todas las fuerzas políticas y sociales del país, a fin de alinear las estrategias y políticas públicas para fomentar la generación de empleos y de empresas, impulsar la inversión nacional y extrajera, fortalecer el poder adquisitivo, entre otras cosas, de modo que podamos minimizar los costos de una posible reducción de las exportaciones hacia Estados Unidos.

Ahora bien, para que cualquiera de estas y otras acciones tenga la efectividad deseada, va a ser imprescindible la transparencia del uso y destino de los recursos públicos asignados a cada institución y municipio del país. Ya no podemos permitir los derroches ni el desvío de recursos para beneficio particular; si esto llegara a suceder, el castigo deberá ser ejemplar, aplicando todo el peso de la ley. Los servidores públicos deben entender que ocupar un cargo en el gobierno no quiere decir que son dueños de los bienes y dineros de las dependencias u organismos.

La transparencia debe ser una aliada de la eficiencia en el gasto.

Contamos con un marco normativo muy robusto para hacer posible una mayor difusión de la gestión de los gobiernos, normas que la burocracia está obligada a observar porque, de lo contrario, habrá sanciones para quienes las incumplan.

Sin embargo, de nada sirve la apertura de los archivos institucionales si no es aprovechada por la sociedad. En la “transparentación” de los recursos públicos, la participación ciudadana será indispensable, sobre todo para vigilar la aplicación del presupuesto. En este cometido, el ciudadano cuenta con dos armas: el acceso a la información y próximamente la publicación de las obligaciones de transparencia en los portales de Internet institucionales y en la Plataforma Nacional de Transparencia.

Los retos que se avizoran son más complejos que antes. La unidad nacional es ahora una condición necesaria para poder hacerles frente. La enseñanza que nos deja el resultado de las elecciones norteamericanas es que no debemos depender tanto de lo que está fuera de nuestro alcance; busquemos soluciones de largo plazo, como la de balancear los mercados interno y externo, propósito en el que todos los gobiernos pueden aportar, ejerciendo sus recursos con este fin.

El autor es comisionado del INAI.

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