Opinión

Fiscales

 
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Oribe Peralta.

Gamés caminaba sobre la duela de cedro blanco mientras cavilaba: los buenos, influyentes y poderosos periodistas de raza se convierten en México, tarde o temprano, en temibles fiscales. A Gilga no le gustan los fiscales, ni las fiscales. Informan poco y juzgan mucho; a veces, en sus pequeñas investigaciones aciertan, y la nación se los agradece como si fueran los héroes de la patria buena, a lo mejor lo son, y Gil es simplemente un desorbitado.

Un periodista de fuste y fusta mueve sus piezas en ese perímetro inverecundo: Ciro Gómez Leyva, malhumorado periodista de la mañana, dueño de un poder importante en los medios. Ciro va a todas: increpa, interrumpe, levanta la voz –un poco, no mucho–, duda, invoca a los dioses de la verdad. Por cierto, sus dos compañeros de emisión, Manuel Feregrino y Omar Sánchez de Tagle, son de lo mejor que se oye en la radio matutina. Ciro es tremendo y no lo vean feo porque monta en cólera y los pone parejos. ¿Qué me ves o qué? Te surto en un tris; aguzado, carnal, pregunta primero con quién te metes.

Oribe Peralta
Como en otros casos, Ciro Gómez Leyva ha mandado al infierno del desprestigio a Oribe Peralta, el futbolista mexicano de la Selección Nacional. ¿Pruebas? ¿Investigación? ¿Son necesarias? Basta mi palabra. Hasta donde Gilga ha entendido, unas hermanas, Arlem y Mercedes Torres Ricarde, pararon con sus huesos en la cárcel por intento de extorsión. Según una versión de los hechos, las muchachas querían 500 mil pesos a cambio de unas fotografías comprometedoras de El Cepillo cepillando, o como se diga. Una de las muchachas le habría dicho a Oribe: “Mira, cabrón, voy a ir al grano. ¿Te acuerdas que tengo una fotos tuyas? Así que no te pongas pendejo, quiero 500 mil para no venderlas y que salgan en alguna revista o en la televisión”.

Cuenta Gómez Leyva que Oribe pidió una cita en Los Arcos con las chicas de la fotografía. Trampa maléfica, en el restaurante les echaron el guante encima a las hermanas. Si Gil ha entendido algo, ellas intentaban chantajear a Oribe y eso es un delito. ¿O ya no es un delito? Pregunta sin sesgo: ¿es delito o no es delito el chantaje? Y al tambo. Y las fotografías, dice Gómez Leyva, no aparecen. Quizá el fiscal matutino las quiere tener en su poder, nomás faltaba. Me traen la fotos y el expediente y el árbol genealógico del malvado Oribe. Resulta que hasta donde se entiende, la autoridad nunca acreditó la existencia de las fotografías, o sea, Oribe, porque es influyente y famoso mandó a la muchacha y a una hermana cómplice al tambo un año un mes. Caracho, ¿así de plano? Qué horror. Cuéntenos, Ciro. Eso será en la otra vida, las noticias viven y mueren.

Gómez Leyva defiende a las hermanas, supuestas extorsionadoras. Correcto. Oribe es un rufián que las metió a la cárcel por sus tompiates. Oh, a veces la poesía domina el corazón cansado de Gilga. Caracho. Menos rating y más investigación, o menos fiscalía y más duda ante nuestros propios prejuicios. Es que de veras, se pasan. Como lo oye medio México, hay que darle a medio México noticias en la cuales Ciro dé un veredicto. Mta, nomás faltaba.

Contrapeso
Amigos que quieren bien a Gamés, pero lo aconsejan mal, le han dicho que Carmen Aristégui hace falta en el horizonte de los medios de la mañana. Necio y duro como el coyol con sus prejuicios, Gilga pensaba y repensaba. Pues bien, Gil confiesa con los ojos cerrados: Aristégui sí hace falta en la radio de la mañana. Si de fiscales se trata, probablemente uno le ponga un contrapeso a otra. Que nadie se mueva de sus micrófonos, Gilga no se atreve a insinuar que programas de juicio y tribunal no deban oírse una y otra vez, pero caramba, defender a dos supuestas extorsionadoras para cepillarse a Peralta, ¿no es un poco demasiado?

Cuando el periodismo parece responder a altas misiones del espíritu, cuidado. Salvaré a unos y hundiré a otros. ¡Oh my God! Por estos nublados motivos, Gilga empezó esta página del fondo diciendo que los periodistas poderosos e influyentes de México se convierten pronto en fiscales. ¿Y la información apá? Por lo mismo, Gil escuchará el noticiero de Leonardo Curzio, bien informado, mejor puesto, y no pocas veces con un toque de ironía: humor, Ciro, humor.

Las palabras de Tomás Eloy Martínez resonaron en el ático de las frases celebres: “Un periodista que conoce a su lector jamás se exhibe. Establece con él, desde el principio, lo que yo llamaría un pacto de fidelidad: fidelidad a la propia conciencia, y fidelidad a la verdad”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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