Opinión

Finanzas públicas vulnerables

 
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Durante 2016 la Secretaría de Hacienda se ha aplicado en el control de las finanzas públicas. No sólo anunció dos recortes al gasto por un total de 132.4 mil millones de pesos, que entre otras acciones implicará reducir en más de 11 mil plazas la burocracia del gobierno federal, sino que parece que este año y a diferencia de los anteriores sí lo cumplirá, según los reportes de ingresos y gastos a junio. Ello es particularmente relevante en un contexto de incertidumbre económica (posible aumento de tasas de interés) y política (elecciones en Estados Unidos) a nivel internacional; debilidad del crecimiento económico interno, que está sostenido exclusivamente en el consumo y con amenazas de repunte de la inflación; así como severas dudas en la capacidad de gestión política del gobierno y de enfrentamientos con diversos actores sociales (CNTE, empresarios).

En enero-junio el déficit público ascendió a 116.6 mil millones de pesos, monto casi 70 por ciento inferior en términos reales al registrado en el mismo periodo de 2015 (351.4 mil millones de pesos) y sólo 26 por ciento del total presupuestado originalmente para ese semestre. Ello fue resultado de que en los primeros seis meses de 2016 se generaron ingresos superiores en 293 mil millones de pesos respecto a los del año anterior, aunque el gasto también fue mayor en 58 mil millones, lo que permitió que el denominado balance primario (ingresos menos gastos sin intereses de la deuda) fuera positivo en 126 mil millones, en comparación con uno negativo por 142 mil millones en enero-junio de 2015. Hasta ahí todo en orden.

Los retos radican en que la evolución favorable de los ingresos presupuestarios se explica fundamentalmente por dos factores: los recursos extraordinarios que transfirió el Banco de México al gobierno por sus utilidades del año pasado, y por el comportamiento de los impuestos especiales a la producción y servicios, sobre todo de gasolinas y de alimentos el alto contenido calórico. Si bien hay que reconocer que otros ingresos tributarios también tuvieron un buen desempeño –como el impuesto sobre la renta y el IVA que aumentaron 12.6 y 5.3 por ciento a tasa anual–, los provenientes de Banxico ascendieron a 239 mil millones de pesos y los del IEPS fueron 33 mil millones mayores a los de 2015, que en conjunto explican más de 90 or ciento del aumento en el ingreso total. La vulnerabilidad se deriva de que es previsible que conforme se diluya el efecto de la mayor fiscalización, junto con una menor actividad económica general, los ingresos por IVA e ISR tenderán a disminuir, a lo que se sumaría que los ingresos de Banxico no son recurrentes. De hecho, si se excluyen estos últimos tanto en 2015 como en 2016 el incremento de los ingresos públicos se hubiera situado en 2.6 en vez del 11.4 por ciento reportado en las estadísticas oficiales.

Por el lado del gasto, y como se ha comentado recurrentemente en este espacio, el problema es que la composición del ajuste no es ni remotamente la deseable y podría no ser sostenible, al reducirse sobre todo la inversión pública (17 por ciento real en el semestre), el gasto de Pemex y CFE (10 por ciento real en su conjunto), aumentar las pensiones y jubilaciones (6.2 por ciento) y mantener constantes los subsidios y transferencias a todo tipo de programas poco productivos y/o de impacto social limitado.

Así, a pesar de los esfuerzos para incrementar la recaudación fiscal y la generación de ingresos vía aumentos en los precios y tarifas del sector público, y de reducir el gasto, entre diciembre de 2015 y junio de 2016 la deuda pública (neta) aumentó: 32 mil millones de pesos la interna y 13.8 mil millones de dólares la externa, lo que significó un aumento de 7.0 por ciento de la deuda total en seis meses.

Frente a un escenario de incertidumbre, menor actividad económica, aumento en tasas de interés –y probablemente del tipo de cambio, de manera temporal en el periodo electoral americano– y mayor inflación, las presiones sobre las finanzas públicas serán elevadas. La propuesta del paquete económico para 2017 será clave para definir su vulnerabilidad.

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