Opinión

Felices fiestas

 
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Árbol. (https://protestaurbana.com/tag/arbol-de-navidad/)

La navidad es probablemente una de las celebraciones más grandes de la humanidad, y si esta tradición litúrgica no se ha convertido aún en una marca registrada propiamente hablando, se volvió el paraguas de muchas otras que sí lo son. Esta fiesta no podía pasar desapercibida para los artistas que se dedican a desmantelar imaginarios; y los que piensan que el arte contemporáneo se ha vuelto pueril, grotesco, autoreferencial y burdo tienen toda la razón. Paul McCarthy (Salt Lake City, Utah,1945), que por la naturaleza provocadora de su obra sólo ha entrado recientemente al Olimpo de los grandes artistas como Jeff Koons o Richard Prince, caza los íconos contemporáneos y sus narrativas implícitas, para mostrar el lado mucho más oscuro de las mitologías que crea nuestra época.

McCarthy retoma y descontextualiza a personajes de la cultura popular de Estados Unidos, siendo Santa Claus o los héroes de Disney unos de sus favoritos, agregando elementos que van de los bizarro a lo escatológico, pero que de alguna forma resultan convincentes según los estándares poéticos que la televisión y las películas nos han impuesto. No es una simple sátira ni un ensayo de incorrección política. McCarthy, quien vive en Los Ángeles y quien trabajó en el set de la película Star Trek, utiliza props, vestuario y técnicas visuales muy similares a las de la industria del entretenimiento y del consumo, para incorporar y sobredimensionar los miedos, las obsesiones, los objetos de repulsión de nuestra sociedad.

Una pieza que la colección Jumex donó al Moca de Los Ángeles consistía en una serie de fotografías en gran formato dispuestas alrededor de un bosque de pinos secos rescatados de los cruceros, donde veíamos al artista disfrazado de Santa Claus haciendo un performance con comida, en una versión enloquecida e inquietante, más cercana a las películas de terror que a las postales navideñas.

Para McCarthy, elementos comestibles como el catsup, la mayonesa, la carne de hamburguesa o el sirope de chocolate, son como una paleta de pintura; y lo grotesco, lo repulsivo, lo sexual en sus versiones más descarriadas, constituyen un 'programa de resistencia' frente a la manipulación que han operado el entretenimiento y el consumo en nuestro patrimonio ético y moral. Para él es como si hoy en día estuviéramos frente a una forma de fascismo que busca erradicar la diferencia cultural en el mundo, que busca una hegemonía para subordinarnos ante lo que la producción de bienes nos tiene que ofrecer.

Ante la obra de McCarthy cumplimos un proceso parecido: tenemos al principio la sensación de ser voyeristas, después entendemos el nexo que existe entre nuestro tabúes y nuestras convenciones sociales, y al final nos hace responsables de encarar –o no– las imágenes y los valores que generan nuestra cultura. En 2014, McCarthy instaló en la Place Vendome, en París, un árbol inflable de Navidad de 25 metros, y su color verde intenso, su ubicación de ensueño, su tamaño, sus ángulos redondeados, nos remitían al candor y a la ingenuidad que nos provoca la Navidad. Pero después de un corto tiempo de observación, el pino tomaba también la forma de un accesorio sexual; con esta pieza, el artista, sin dejar de desearnos felices fiestas, nos pone también en guardia sobre que dioses decidimos celebrar.

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